diciembre 21, 2021

CÓMO APROVECHAR LAS VACACIONES DE NAVIDAD



Este periodo vacacional es “un tiempo especial para la vida familiar y para el descanso”.

Para muchos, estas vacaciones son la oportunidad de tener un periodo de descanso luego de varios meses de arduo trabajo, y se trata de un tiempo especial, en el que las familias y los amigos se reúnen, celebran las fiestas navideñas y de fin de año.

Sin embargo, es importante que esta temporada no se limite al consumismo, sino que sea el espacio ideal para el descanso y la reflexión.

Para los católicos es el tiempo especial de encuentro con Cristo que nace entre nosotros y que en su presencia salvadora nos ofrece un camino de esperanza y de renovación en las situaciones más difíciles que vivimos. El tiempo de vacaciones es la oportunidad para hacer un análisis sobre cómo fue nuestro actuar durante este año y qué podemos hacer para mejorar, para ser mejores personas y contribuir a que nuestra sociedad sea mejor.

Para los creyentes, la llegada de estas fechas representa algo muy especial, pues nace –y renace- en nosotros la esperanza de que el Salvador llegue a nuestros corazones con la invitación a mirar al prójimo como un verdadero hermano.

Fuente: Aciprensa

diciembre 17, 2021

LA FAMILIA COMO ESCUELA DE SANTIDAD

La subcomisión para la familia y defensa de la vida de la CEE ha publicado el documento "la familia, escuela y camino de santidad" con motivo de la Fiesta de la Sagrada Familia que se celebrará el próximo 29 de diciembre.

Este documento destaca que el camino de la santidad "tiene etapas y exigencias diversas, y habrá de acoger con esperanza y espíritu de combate todas las posibles situaciones y vicisitudes que pueden darse en el itinerario de nuestra vida.  El camino se habrá de ir llenando de acogida, de esfuerzo y entrega, de donación generosa, de trabajo y servicio generoso y para ello debemos saber en qué tipo de riqueza está puesta la seguridad de nuestra familia, y revisar en qué medida buscamos una vivencia verdadera, en comunión espiritual y de vida con los más pobres. Debemos comprometernos, de alguna manera, como familia, con aquellos que lloran y esperan nuestra solidaridad y acogida caritativa familiar. Debemos crecer en justicia y, sobre todo, en misericordia, virtud central que, en la familia, se traduce en búsqueda de comprensión, en atención generosa, en perdón permanente y en consideración amorosa de todos. Debemos mantener encendido el corazón en el fuego del amor verdadero, buscando la verdad y la purificación de nuestras relaciones, para no permitir que penetre entre nosotros nada que debilite o ponga en situación de riesgo nuestros hogares.

 Muchas familias son un faro que se extiende sobre muchas personas y de este modo se convierten en una ciudad encendida en lo alto del monte que no se puede ocultar y que ilumina el mundo con su luz".





diciembre 16, 2021

CALENDARIO DE ADVIENTO "AMABLE"


Los niños de un colegio del condado de Lincoln, en Inglaterra, han puesto en marcha un "calendario de adviento de la amabilidad" mediante el que todos los días que preceden a la Navidad se les propone tener un gesto amable hacia los demás.

La experiencia está siendo todo un éxito tanto para los alumnos de cuarto, que se encuentran en torno a los diez años de edad, como para el resto del alumnado que recibe estos gestos amables de parte de sus compañeros.

¡Buen trabajo!

Podéis leer la noticia  y ver un vídeo aquí 

¿CUÁNTAS VECES AL DÍA ESTÁS EN SILENCIO PARA ESCUCHAR TU INTERIOR?


Dios es Palabra, una voz que resuena, y que puede constituirse en un grito atronador. Dios es también silencio y quietud, que habla sosegadamente, llamándonos a una fina escucha. Dios comunica sus misterios, primordialmente por el silencio. Él desea ser escuchado. Quiere hablarnos, pero en su lenguaje, y a su manera. Para oírlo necesitamos, primeramente, ir acallando la invasiva bulla.

En estos tiempos en que la comunicación constituye una necesidad imperiosa, necesitamos hacer silencio para adentrarnos en nuestra propia interioridad, para aprender a transitar hacia nosotros mismos. También necesitamos hacer silencio para escuchar al otro, a quien la bulla cotidiana puede avasallar.

El silencio se hace más apremiante, aún, porque lo necesitamos para indagar sobre Dios, que habita en el tabernáculo silencioso de nuestra interioridad. Aquel será un ámbito de encuentro con el Padre, un “santuario” para conocerlo, para escuchar su voz, para aprender de su amor, porque Dios es la plenitud del amor, que se manifiesta por el acto de oblación más sublime: “Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él”. El amor de Dios consiste, “no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados”.

El silencio es la tierra sagrada para toparse con Yahvé; el suelo santificado que obligó a Moisés a descalzarse. Al hacerse hombre, Jesús va guiando nuestros pasos para que volvamos a posarnos en la tierra de Dios, plenitud de la paz y del consuelo; para que restablezcamos el diálogo perdido; para reencontrar la semejanza con el Padre, extraviada por el pecado original.

San Ignacio de Antioquía aporta una hermosa expresión, que avisa sobre el sendero callado: “Quien ha entendido las palabras del Señor, comprende su silencio; porque el Señor es conocido en su silencio”.

El silencio nos permite apreciar aquello que es esencial. En su obra “El Señor”, el gran teólogo Romano Guardini afirmaba que “en el silencio es donde suceden los grandes acontecimientos”.

Vivir el silencio constituye una necesidad capital para cualquier persona, más aún para el cristiano, porque en nuestro quehacer escuchamos un sinfín de palabras. El reto está en distinguir aquellas que son primordiales, porque en lo dicho se hace presente la Palabra divina, como la perla que se halla escondida en medio del campo y los abrojos. Dios continúa hablándonos, pero su voz fuerte y poderosa solamente puede ser apreciada en el silencio, alejado del bullicio que nos distrae.

Es penoso comprobarlo, pero nos hemos desacostumbrado a acoger el misterio, a prestar oídos al tesoro de la Palabra divina. La inapreciable joya es la Palabra que viene de Dios, la Palabra que es Dios. Sin embargo, se trata de una “presea” cada vez más inalcanzable, dado el entorno en que las mayorías convivimos y en que nos desarrollamos.

Vivimos en un mundo bullicioso, inundado de incesantes sonidos, emitidos por el tráfico vehicular, la TV, o los teléfonos inteligentes. La vida moderna proporciona enormes beneficios, juntamente con el abrumador bombardeo sensorial en la forma de ecos resonantes, multitudes estridentes y las demandas de los infaltables dispositivos electrónicos.

Todos los días nos sometemos a las presiones del ruido, de la palabrería y del agitado tumulto. ¿Quién puede sustraerse de la “contaminación” digital? Que familiar se nos hace entrar a un café, por ejemplo, donde cada persona que comparte las mesas está concentrada en su celular.

Algo análogo, aunque más preocupante, ocurre en la vida familiar, donde el foco de atención puede ser el IPad, el móvil o los video juegos. Sorprende ver a todos enfocados en los twiters, o en sus cuentas de Facebook, como si el destino de la humanidad dependiese de un dato o de una foto reciente, colocada en Instagram. A cuantos jóvenes y adultos vemos juntos, pero encerrados en sí mismos, aislados de los demás, apresados por sus audífonos, escuchando alguna música estridente.

El silencio constituye una alternativa a estas formas de bullicio. La investigación muestra que la quietud y el sosiego serenan la ansiedad. En este sentido, tenemos que nadar contracorriente, contra el ruido y las distracciones cotidianas que nos dificultan escuchar la propia voz, la del prójimo y, principalmente, la de Dios.

El cristiano necesita ser un tanto rebelde, porque requiere creer firmemente que el silencio constituye un valor esencial. Tiene que aprender a ser un contemplativo en medio del alboroto de la creación. Necesita descubrir cotidianamente la belleza aportada por el silencio y la serenidad de Dios.

La renuncia a la “dictadura del ruido” constituye un paso firme hacia la libertad auto poseída. Sería absolutamente irreal pretender que alguien podría estar en capacidad de “apagar”, aunque sea momentáneamente, la bulla del mundo. La tecnología, con sus luces y sombras, permanecerá, conformando un ámbito esencial de la existencia humana. Por ello, el silencio y la contemplación cumplen una misión primordial: en la dispersión de cada día nos ayudan a conservar una permanente conciencia de Dios y de nuestra identidad.

El gran valor del cristiano es constituirse en testigo de Dios en medio del mundo. De la mano de Dios podremos forjar un mundo más bondadoso y reconciliado. Pero el ser humano porta una naturaleza herida. Difícilmente podemos cegarnos ante sus rupturas, que lo sitúan en el llamado “territorio de la desemejanza”, un ámbito de lejanía, de mentiras existenciales y de subjetivismos.

Existen innumerables análisis y testimonios de su preocupante estado. Basta revisar diariamente los medios noticiosos. Ellos nos tienen acostumbrados a una selección de injusticias y crueldades. En el mejor de los casos, a una cultura de la distracción. Abunda la violencia que reaparece en los conflictos étnicos, religiosos y culturales. Es exacto hablar de un mundo en crisis.

Dios nos coloca un reto grandísimo para testimoniar su amor salvífico hacia el mundo. ¿Cómo podremos realizarlo? Con su ayuda. Admitiendo nuestras limitaciones y clamando por su gracia santificante.

Dios nos aguarda pacientemente, tocando la puerta de nuestro hogar. ¿Cómo responderle? De diversas maneras. No se trata de “encajonar el espíritu”, pero a Dios podemos hallarlo especialmente en la oración, en la meditación, en el anuncio de la Palabra, en los sacramentos, entre los desposeídos, sirviendo a los desamparados, escuchando al solitario. ¡También lo encontramos en el silencio!

El Papa Benedicto XVI sopesaba alguna vez este gran dilema, del llamado de Dios a las personas, tal como somos, con nuestras pobrezas y grandezas. “¿Cómo podremos, siendo parte de este mundo, con todas sus palabras, hacer presente la Palabra en las palabras, si no es mediante un proceso de purificación de nuestro pensar y de nuestras palabras? ¿Cómo podremos abrir el mundo -y en primer lugar a nosotros mismos- a la Palabra sin entrar en el silencio de Dios, del cual procede su Palabra?”, interrogaba. “Tenemos necesidad del silencio que se vuelve contemplación, que nos hace entrar en el silencio de Dios, y así llegar al punto donde nace la Palabra redentora”.

Hacerle especial espacio a la Palabra de Dios constituye un gran desafío, que exige de nosotros confianza, paciencia y humildad. Nos convierte en colaboradores de la verdad, voces de lo auténtico, porque nosotros no hablamos solamente en un río de palabras, sino que, confiando en la Palabra, la verdad podrá hablar en nosotros. Así podremos ser auténticos portadores de la verdad de Dios, construida en torno al amor y la caridad.

(Artículo de Alfredo Garland en Aciprensa)

noviembre 17, 2021

PORQUÉ NOS CUESTA TANTO ABRIR EL CORAZÓN A DIOS




Más allá de querer o no, tener presente a Dios en nuestras vidas; que abramos o no, las puertas de nuestro corazón; que nos esforcemos o no, para que Dios sea más o menos importante para nosotros, la verdad –aceptemos o no– es que su huella está profundamente inscrita en nuestro interior. Negar esa realidad es negarnos a nosotros mismos. Es negar el origen y fundamento de lo que somos. De cómo aceptemos o vivamos esta realidad dependerá nuestra realización personal.

Preguntémonos: ¿Por qué existo? ¿Por qué yo soy quien soy, y no otro? No somos dueños de nuestras vidas. No somos nosotros quien elegimos existir, y mucho menos ser quienes somos. Decir que existimos y somos quién somos gracias a nuestros padres y ancestros no es equivocado, pero quedarnos solamente con esa dimensión de la realidad sería empobrecer nuestras existencias. Nuestros padres nos conceden la existencia genética y biológica, nos educan, nos forman, etc… además de las características, riquezas y deficiencias que podemos tener de por sí, mucho de lo que somos depende también de lo que aprendemos a lo largo de nuestra vida, en los distintos lugares dónde nos desenvolvemos. Pero aun así, hay algo en nuestro interior que define quienes somos. Eso es nuestro espíritu. Nuestro interior. Nuestra consciencia. Nuestro “corazón”. Es decir, nuestro “mundo interior”. Es algo muy distinto en cada persona. Esa diferencia interior, del corazón, espiritual, no lo recibimos de los padres, ni tampoco es algo que la sociedad poco a poco va determinando. Tampoco somos nosotros quien lo elegimos. Así nacemos. Así lo ha querido Dios. Querámoslo o no.

¿Qué tan profundo es nuestro mundo interior? ¿Nos sentimos satisfechos con lo que el mundo puede ofrecernos? No hablo sólo en términos negativos. Efectivamente, hay muchas cosas valiosas como nuestro trabajo, estudios, la familia, nuestros hijos, etc… realidades de nuestra vida que son fundamentales y realmente llenan de felicidad nuestro mundo interior. Pero todas ellas son finitas, en algún momento terminan. Entonces brota la pregunta: ¿Todo eso llena y satisface plenamente nuestro interior? O acaso ¿no buscamos alguien que nos ofrezca una felicidad sin límites? Todos buscamos siempre lo infinito.

Por lo tanto, si sabemos que sólo Dios es esa persona infinita que puede saciar nuestra “hambre” interior ¿por qué nos cuesta abrir el corazón a Dios? Dejar que el amor de Dios llene de sentido nuestra vida. La respuesta no es fácil. Implica muchas variables. Cada uno tiene sus propias razones para abrir o no el corazón a Dios. Qué tipo de educación y formación recibimos en la familia, cuánto influenciaron nuestras amistades o el mundo con sus falsas propuestas, la educación que recibimos en las escuelas y universidad, las corrientes de pensamiento vigentes de la determinada circunstancia cultural en la que vivimos. Experiencias problemáticas o traumáticas que llevaron a que cerrásemos nuestros corazones, no sólo a Dios, sino a los demás.

Esas experiencias difíciles o traumáticas pueden generar problemas de índole psicológica que distorsionan la manera como nos acercamos a la realidad. También las experiencias de sufrimiento y dolor que podemos atravesar en la vida, pueden, en muchos casos, llevar a renegar de Dios. Cómo si Dios fuera el culpable de todo lo malo que sucede en la vida. Por otro lado, están los que creen que Dios nunca los escucha, los que no saben cómo hablar o relacionarse con Él. Los que están tan encerrados en sí mismos, que no son capaces de percibir la acción de Dios en sus vidas. También están aquellos que sencillamente no conocen a Dios. Por distintas razones nadie les habló de Dios, ni tampoco les ayudaron a acercarse a Él. Finalmente, están nuestros propios pecados personales, que objetivamente nos alejan de Dios, que nos hacen creer que ya no somos dignos de acercarnos a Él. Nos desesperanzamos. Creemos que no hay salida para nuestra postración. Estas son algunas razones por las que se hace difícil que Dios entre en nuestros corazones. Cada persona tiene sus propias dificultades. Sino superamos esas dificultades terminaremos alejándonos cada vez más de Él.

Sin embargo, Dios nunca se cansa de salir a nuestro encuentro. Conoce nuestros corazones. Nos conoce mucho mejor que nosotros mismos. Apuesta por nosotros. Desde el comienzo, luego del pecado original, promete un Mesías, un Salvador, que vendría a liberarnos del pecado, que vendría a iluminar la oscuridad en la que vivimos. A lo largo de toda la historia del pueblo de Israel, Dios se fue manifestando progresivamente a través de los Patriarcas, profetas, reyes… y, finalmente, envío su propio hijo, que siendo Dios, nació de la Virgen María y se hizo hombre. El todopoderoso se hizo pequeño como un bebe. El Eterno se hizo finito y mortal. Se alegró, se entristeció y lloró. Asumió el peso de nuestros pecados. Apostó tanto por nosotros, se involucró tanto, nos ama tanto, que llegó al punto de entregar su Hijo único a que muriera en la cruz, por nuestros pecados.

¿Qué debemos hacer? Si percibo algo de eso en mi vida, ¿qué tengo que cambiar? El camino, más que preguntarnos ¿qué hacer? ¿Qué cambiar? es descubrir en Dios una persona real con quien puedo relacionarme. Puedo tener muchos y distintos problemas, pero se trata de crecer y fomentar una relación personal. El hecho humano de la relación personal es algo que vivimos cotidianamente. Nos relacionamos con nuestros familiares, amigos, colegas de trabajo, etc… A partir de la relación personal con Dios, aprenderemos a abrir nuestro corazón. Además ¿qué vamos a perder? ¿Por qué tenerle miedo? No hay ninguna razón para temerle. Él es Dios. Nos creó por amor. Entregó su Hijo único para morir en la Cruz por amor. ¿Qué más podemos pedirle a Él que nos muestre cuánto nos ama? Él nos da la verdadera felicidad. A fin de cuentas, el punto es: ¿dónde quiero poner mi corazón? ¿Dónde está mi tesoro? Pues ahí donde descubro el tesoro para mi vida es dónde pondré mi corazón. ¿Qué quiere y necesita mi corazón? Abrir el corazón no es fácil, pero está en juego nuestra felicidad.

(Artículo de Pablo Augusto Perazzo en Aciprensa)

noviembre 12, 2021

LA ADICCIÓN A LOS "SMARTPHONES" EN LOS JÓVENES



Casi una cuarta parte de los jóvenes dependen tanto de sus teléfonos móviles que se convierte en una adicción, según un estudio del King's College de Londres. Este comportamiento adictivo significa que las personas se vuelven "aterradas" o "molestas" si se les niega el acceso al teléfono y tampoco pueden controlar la cantidad de tiempo que pasan con él. El estudio advierte que tales adicciones tienen "graves consecuencias" para la salud mental.

El estudio encontró que el 23% tenía un comportamiento similar al de una adicción, como la ansiedad por no poder usar su teléfono, no poder controlar el tiempo dedicado y que usar teléfonos móviles era perjudicial para otras actividades. El comportamiento adictivo podría estar relacionado con otros problemas, dice el estudio, como el estrés, el estado de ánimo deprimido, la falta de sueño y la reducción del rendimiento en la escuela.

"Los teléfonos inteligentes llegaron para quedarse y es necesario comprender la prevalencia de su uso problemático", dice uno de los autores del informe, Nicola Kalk, del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King's College de Londres. "No sabemos si es el teléfono inteligente en sí mismo el que puede ser adictivo o las aplicaciones que las personas usan. Sin embargo, existe una necesidad de conciencia pública sobre el uso de teléfonos móviles en niños y jóvenes, y los padres deben saber cuánto tiempo pasan sus hijos en sus teléfonos".

El estudio advierte que las adicciones "pueden tener serias consecuencias en la salud mental, por lo que es necesario investigar más sobre el uso problemático de smartphones".

Este estudio vuelve a poner sobre la mesa el difícil papel que tenemos los padres y educadores frente al móvil, la tablet, el reloj inteligente... ya no se trata solo de un juego o de una distracción sino que nuestros hijos y jóvenes corren un serio peligro en esta sociedad de "pantallas para todo", incluso para hablar y relacionarnos con los demás.

Las recomendaciones son muchas y variadas, desde que nuestros jóvenes no tengan móvil hasta cierta edad en que muestren ser responsables, o que tengan un móvil pero con acceso a internet restringido por una tarifa mínima a la que iremos añadiendo "extras" paulatinamente si muestran ser responsables con su uso.

¿Qué recomendación darías a padres y educadores sobre este tema?

agosto 21, 2021

INICIATIVAS PARA LA EDUCACIÓN EN EL BUEN USO DE LA TECNOLOGÍA


Os presento unas iniciativas muy útiles a la hora de educar (y de paso ser educados) en hacer un buen uso de las nuevas tecnologías.

Dale una vuelta es una web para ayudar a personas enganchadas al consumo de pornografía. Y lo hacen poniendo el foco en tres puntos: la información, la recuperación y la prevención, defendiendo a la mujer, su dignidad y derechos, proponiendo una sexualidad sana, asertiva e informada. 

Seamos héroes tiene como objetivo formar a los jóvenes en valores a través de las redes sociales, programas educacionales y programas de voluntariado.

Trabajar la confianza te ayudará a cultivar esta virtud, con vídeos, guías, textos y propuestas.

En la web empantallados puedes encontrar: artículos y estudios sobre el impacto de las pantallas en la vida familiar o especiales mensuales como "mi primer móvil". También puedes conocer tu consumo digital, cosillas para hacer con tus hijos en el tiempo libre, apps educativas y libros para ayudar a tus hijos en el buen uso de la tecnología.

agosto 09, 2021

¿QUÉ DIRÍA EDITH STEIN A LAS MUJERES DE HOY EN DÍA?


Transcribimos esta entrevista a Feliciana Merino, experta en el pensamiento de Edith Stein, publicada en arguments.es en el día en que recordamos a Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Edith Stein, una mujer de gran inteligencia, muy profunda y buscadora de la verdad. Todo esto le hizo sufrir mucho porque las mujeres en su época tenían menos derechos que los hombres. ¿Nos podría explicar cuáles eran los sentimientos que la filósofa alemana albergaba en su corazón al respecto?

Lo primero que hay que decir es que Edith Stein fue educada en un ambiente judío liberal. Su madre quedó viuda cuando ella era aún muy pequeña y desde entonces pudo constatar la fuerza de las mujeres en el ejemplo vivo de su madre que no se amedrentó ante las circunstancias y siguió trabajando con empeño para sacar adelante el negocio familiar, a pesar de los consejos de sus parientes. Edith Stein se parecía mucho a ella, era obstinada cuando se proponía algo y siempre tuvo apoyo en su familia para estudiar e ir a la universidad.

Desde esa mentalidad pudo participar con solo 22 años en la Asociación prusiana a favor del voto femenino y en los debates universitarios sobre la doble vocación de la mujer. La igualdad entre hombres y mujeres era ya por aquel entonces un valor creciente, pero también era problemática la cuestión de si la mujer pertenecía prioritariamente al cuidado del hogar y de la prole así como las profesiones que se consideraban más adecuadas para mujeres.

En todo caso, Edith Stein nunca vivió las limitaciones como una injusticia, sino como una oportunidad de crecimiento y de cambio. Ella era fuerte y esa fortaleza fue la que le empujó a escribir al Ministro de Berlín cuando rechazaron su habilitación docente por ser un espacio vedado a las mujeres (nunca hasta entonces habían llegado tan lejos). Su argumento de que ser hombre o mujer no debía ser un impedimento para desarrollar una carrera científica, fue motivo para que se aprobara después un decreto más moderno al respecto. Pero Edith ya había tomado la decisión de volver a Breslau y empezar a dar clases de introducción a la filosofía.

La filósofa judía pensaba que estamos en la tierra para servir a la humanidad y que, para hacerlo de la mejor manera posible, debemos hacer aquello para lo que estamos inclinados. En esta idea podríamos contemplar la idea todavía prematura de la una vocación profesional también para la mujer… algo que se contemplaba borroso en su momento.

Por supuesto. Toda la filosofía de Edith Stein se puede decir que gira en torno al concepto de vocación. Su filosofía puede entenderse como una filosofía de la vocación. En alemán el término Beruf significa ambas cosas, tanto profesión como vocación, con lo que se unen en una misma palabra el sentido y dignidad del trabajo con la inclinación, aquello para lo que uno se siente llamado, que es la vocación. Por eso dice que quien considere su trabajo como simple fuente de ganancia o como pasatiempo lo desarrollará de una forma completamente distinta de aquel para quien sea vocación profesional en sentido propio, es decir, de aquel otro que se sienta llamado para ello.

En un mundo cada vez más marcado por los criterios de competitividad y de mercado, creo que es muy necesario recuperar este sentido de la vocación profesional, no como una cualidad deseable para el ejercicio de la profesión, sino como principio configurador de la propia vida. El trabajo no es algo separado del hombre o de la mujer, sino que “lo que hace un hombre es la realización de lo que puede hacer; y lo que puede es expresión de lo que es”.

Por eso, no es baladí la afirmación de Edith Stein de que “no existe profesión alguna que no pueda ser desempeñada por una mujer”, o la tan provocadora frase “Ninguna mujer es solo mujer”, porque hay en todo lo que hacemos un principio configurador, un ethos. Lo que hagamos lo haremos con pasión, y de una forma que será específicamente femenina. Si la vida y lo que hacemos manifiesta la respuesta a una llamada, el trabajo, cualquier trabajo, es la respuesta a la vocación de entrega del ser humano, es expresión de su capacidad de dar, o mejor dicho, de amar. El trabajo bien hecho es siempre signo de un amor más grande.

A una Edith jovencita le impactó el ver a una mujer caminando que a la vuelta del mercado entró en la catedral de Frankfurt. Podría haber quedado impresionada de que una humilde mujer en medio de los quehaceres cotidianos sintiera la necesidad de rezar. Ella en la sinagoga frecuentaba la celebración de un oficio y aquel “intercambio confidencial” de la mujer que entraba a la catedral para saludar a su Dios la impactó sobremanera. La religión como un encuentro personal con Alguien que te ama.

Realmente no estamos acostumbrados, en la vorágine de vida que tenemos, a hacer un parón en medio de la jornada para rezar, o cuando vamos corriendo de un lado a otro entrar en una iglesia para sencillamente escuchar el silencio o dialogar con Otro. Por ello es algo que no entra en nuestros esquemas, no entraba en los de Edith, ni en los nuestros, ni en los de nadie. Precisamente por ser algo tan sencillo se convirtió en extraordinario. De hecho, es una de las experiencias que ella misma cuenta que le impactaron y le acercaron a la fe cristiana.

La otra, es la mirada ante la muerte al ir a visitar a la viuda de su gran amigo Adolf Reinach, muerto en el frente en 1917. Se había imaginado a una mujer rota de dolor y desesperanzada y lo que se encontró fue a alguien rebosante de paz y de una esperanza cierta. Esta experiencia alimentó su deseo de creer, pues percibía en ella el Misterio venciendo al aguijón de la muerte, que no tiene la última palabra.

La lectura del libro de santa Teresa de Jesús le marca profundamente. Hace una lectura sapiencial del libro; es decir, que lo leyó como una revelación personal… y se convierte a la religión católica. ¿Qué sentimientos pudo percibir al leer los escritos de la santa de Ávila?

Es verdad que Edith Stein había tenido muchos amigos que se habían convertido al protestantismo y que de hecho frecuentaba más ambientes protestantes que católicos, pero que las cosas ocurrieran como lo hicieron es también parte del Misterio en el que ella reconoce a Cristo. Un matrimonio amigo, los Conrad-Martius, protestantes ambos -Edith era muy amiga de Hedwig, recientemente convertida al protestantismo-, la invitaron un fin de semana a su casa en Bergzabern, y una plácida tarde de verano de 1921, en ausencia de estos, cogió de la estantería de su biblioteca el Libro de la vida de santa Teresa de Jesús.

Lo leyó de un tirón y descubrió que ahí estaba la verdad, una verdad que no es científica, la Verdad del Amor, de la entrega, de la unión con Dios. Había leído ya partes del Nuevo Testamento, también las Confesiones de san Agustín, los ejercicios de san Ignacio de Loyola, pero esto fue la culminación de un proceso de búsqueda. Como dice un amigo mío: «no se trata de coincidencias, sino de dioscidencias«.

Lo que está claro es que en santa Teresa encuentra el modelo de vida a seguir, que elige como madrina de bautismo a Hedwig, su amiga y dueña de la casa donde encontró y descubrió la verdad, y que escoge como nombre de bautismo a la fe católica el de Edith Teresa Hedwig, en honor a santa Teresa y a su amiga. Después, cuando hace la profesión en el Carmelo, su nombre será Teresa Benedicta de la Cruz, en honor a santa Teresa y a san Juan de la Cruz, en cuya lectura se embarca sus últimos años. En fin, ¿qué más se puede decir? Se trata de un encuentro concreto, muy concreto, que marca su vida y su vocación.

Cuenta la filósofa que su madre vivió su conversión como “la pena más pesada que tuvo que soportar”. Hacer sufrir a una madre de ese modo debe ser muy doloroso. 

Sí, por lo que sabemos parece que a Edith le costó mucho contárselo a su madre. Tanto que tuvo que pedirle ayuda a su hermana Erna. Hay un testimonio de su hermana donde lo explica. En septiembre de 1921 había nacido su primer hijo y Edith se encontraba en casa ayudando a su hermana. Allí le expuso su decisión de convertirse al catolicismo y le pidió que preparara el ánimo de su madre. Era una tarea bien difícil.

Para su madre, aunque siempre se había mostrado comprensiva para todo y les había dado mucha libertad, una decisión así representaba un golpe durísimo. Era, en efecto, una judía verdaderamente creyente y consideraba como una apostasía el hecho de que Edith abrazara otra religión. También sus hermanos intentaron disuadirla en atención a la madre, pero al final confiaron en su convicción interior, y también su madre tuvo que aceptarlo. 

Por lo demás, en la vida de Edith Stein no hay fisuras, no se puede hablar de una separación entre lo intelectual y lo espiritual. Su conversión es el fruto de un camino de búsqueda de la verdad. Todos los pasos dados son pasos en la misma dirección. Todo está en su sitio. Edith lo entendió al final. Su vida es un modelo porque no hay discontinuidades. El Señor le sale al encuentro y ella da su Sí. 

Edith Stein es de otra época, pero… ¿qué le puede aportar a la mujer europea de hoy día?

Los escritos de Edith Stein hablan a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su vida también habla. No en vano ha sido declarada santa y copatrona de Europa. Una de las cosas que a mí me parece que nos diría a las mujeres europeas, con la que está cayendo, es: ¡No tengáis miedo! A sermujeres, a no sucumbir a los discursos ideológicos que proponen la anulación de las diferencias.

Edith Stein no quiso abanderar ninguna tipología de las diferencias entre hombres y mujeres, porque acaban siendo obsoletas ante la innegable adaptación del sujeto a las circunstancias concretas. No se trata de defender posiciones conservadoras respecto al papel que la mujer ocupa en el hogar, ni tampoco se trata de defender la igualdad a ultranza a costa de la anulación de las diferencias. Para ella, se trata de responder de manera personal y compartida a la misión que se nos ha encomendado. Hombres y mujeres somos iguales, diferentes y complementarios.

Los discursos ideológicos, tanto aperturistas como conservaduristas, ahogan esta verdad innegable, que se descubre no en una lucha de sexos, sino en darnos cuenta de que el otro es un esser kenegdo, expresión hebrea que utiliza Edith Stein, una imagen especular donde el otro puede contemplar su propia naturaleza, siempre incompleta. Solo cuando hay amor, ayuda mutua y entrega, nos damos cuenta de que en ese camino, aunque frágil, finito y lleno de límites, siempre hay otro Amor más grande nos acompaña en esta tarea.

julio 05, 2021

HABLANDO SE ENTIENDEN LOS PADRES CON LOS HIJOS


La OCDE ha publicado un estudio internacional sobre el bienestar y cómo se sienten los jóvenes acerca de sus vidas  mostrando el impacto positivo que pueden tener cambios tan sencillos como que los padres se tomen tiempo para hablar con sus hijos y comer juntos.

Un número considerable de jóvenes se siente aislado, humillado, como un extraño en la escuela o es agredido físicamente. Esto es importante, porque las escuelas no son solo lugares donde se aprenden materias académicas. Es uno de los primeros lugares donde los niños experimentan la sociedad y el comportamiento de otras personas. Debería ser donde los jóvenes aprendan sobre resiliencia y cooperación.

El estudio muestra que no hay un vínculo entre las largas horas de estudio y la satisfacción de los alumnos. Pero lo que sí parece hacer una diferencia en su bienestar son las relaciones entre estudiantes, maestros y padres.

Una relación negativa con los maestros es una amenaza para el sentido de pertenencia de los alumnos en la escuela. En promedio, en todos los países, los alumnos cuyo maestro está dispuesto a brindar ayuda y que están interesados ​​en su aprendizaje también tienen una probabilidad 1.3 veces mayor de sentir que pertenecen a la escuela.

Los alumnos que sugirieron un tratamiento injusto por parte de los maestros fueron 1.7 veces más propensos a sentirse aislados. Los adolescentes buscan lazos sociales fuertes y valoran la aceptación, el cuidado y el apoyo de los demás. Los adolescentes que sienten que son parte de una comunidad escolar tienen más probabilidades de tener un mejor rendimiento académico y estar más motivados en la escuela.

También hay grandes diferencias entre los países en cuanto al sentido de pertenencia. Alrededor de tres cuartas partes de los alumnos sienten que pertenecen a la escuela, y en algunos de los sistemas educativos considerados como "mejores", incluidos Taiwán, Japón, los Países Bajos, Vietnam, Finlandia, Corea del Sur, Estonia y Singapur, la proporción es aún mayor. Pero en Francia solo es del 41% y puede haber grandes diferencias en algunos países en este sentido de pertenencia para los niños de familias inmigrantes.

La ansiedad debida a los exámenes también puede vincularse a las relaciones con los maestros. Si se considera que los maestros brindan apoyo, es probable que haya menos estrés. Cuando los estudiantes sienten que los maestros no califican sus posibilidades de éxito de manera justa, existe aún más preocupación, ya que el 62% de los estudiantes tienen mucha tensión en los exámenes. Y en todos los países, las niñas presentan mayor ansiedad relacionada con el trabajo escolar que los niños. El temor de cometer errores en un examen hace que disminuya el rendimiento de las chicas.

Otro factor importante en la vida de los jóvenes es el tiempo que pasan en internet. El uso extremo de Internet, más de seis horas por día, tiene un impacto negativo en su bienestar.

Por último, los padres tienen mucha importancia. Los alumnos con altos niveles de satisfacción con la vida suelen tener padres que regularmente pasan tiempo hablando con ellos. Los padres que se sentaron alrededor de la mesa para comer su comida principal con sus hijos y hablaron sobre cómo les iba en la escuela también marcaron m una gran diferencia. "Pasar tiempo simplemente hablando" es la actividad de los padres más frecuentemente asociada con la satisfacción en la vida de los estudiantes.

Los estudiantes cuyos padres les hablaban regularmente iban por delante en ciencias y los resultados son similares para los padres que comen con sus hijos. Aunque esto muestra el poderoso efecto positivo del interés de los padres, para muchos padres, pasar un tiempo hablando con sus hijos es algo raro. A algunos padres les resulta difícil participar en la vida escolar de sus hijos, tal vez debido a horarios de trabajo inflexibles, falta de guardería o incluso barreras del idioma.

Pero las escuelas podrían hacer más para ayudar a los padres a superar estas barreras. Si los padres no pueden dejar el trabajo para asistir a las reuniones escolares, quizá los padres puedan hablar por teléfono o videoconferencia. También podría haber apoyo del gobierno, como incentivos para que mejore el equilibrio entre la vida laboral y familiar.

Los desafíos para el bienestar de los estudiantes son muchos y no hay soluciones simples. Pero los resultados de este estudio muestran cómo los maestros, las escuelas y los padres pueden suponer una gran diferencia.

junio 07, 2021

ENSEÑAR A CAMBIAR DE ZAPATOS


Dice un refrán popular "dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Pues bien, en nuestra sociedad del “flower power” y el “buen rollo” existe una alarmante dificultad para sentir compasión y experimentar empatía. Podemos pensar en la popularidad de youtubers que se dedican a burlarse de contenidos ajenos; en el éxito de los jurados de programas como “La voz” o “Got Talent” cuando sus opiniones son sarcásticas o humillantes; o en el tono que se vive en las gradas de los campos de fútbol -profesionales o amateurs-, donde la alegría de la competición amistosa es sustituida a menudo por un clima de confrontación y mal perder verdaderamente irracional.

Nos encanta hablar de solidaridad y empatía, pero tanta palabrería difícilmente oculta la tendencia egocéntrica de nuestra sociedad individualista. Asistimos, pues, a un ocaso de la empatía. Nos cuesta ponernos en la piel del otro; probarnos sus zapatos. Este ocaso de la empatía obedece, al menos, a cuatro causas.

1. La epidemia del narcisismo. Las personas egoístas, obsesionadas con su currículum y su autoimagen, están demasiado centradas en sí mismas como para comprender lo que puede estar sintiendo otra persona. Quien se cree una persona realmente especial y única, lógicamente no tendrá muchos incentivos para intentar comprender cómo se siente “el resto de los mortales”, que no comparte su carácter genial e irrepetible.

2. La omnipresencia de las pantallas. La empatía se desarrolla mirando a los demás, aprendiendo a interpretar un leve gesto, una medio sonrisa, una mirada. Se ha demostrado cómo el hecho de articular nuestras relaciones y conversaciones a través de pantallas reduce considerablemente la capacidad de entender qué le está pasando a la otra persona. Las pantallas, por muchos emoticonos que pongamos, nos hacen menos empáticos.

3. Los modelos que nos presentan los medios de comunicación y la cultura. En los medios de comunicación –programas, series y películas- predominan los modelos triunfadores, competitivos y polémicos. En este sentido, es divertido comparar el héroe de una película de John Ford con el héroe de una película actual: su aspecto, sus reacciones, sus pectorales, sus valores. O comparar las canciones de amor de hace 40 ó 50 años con los temas –¿amorosos?- de Bad Bunny o de Maluma. No somos inmunes a estos modelos, que permean poco a poco nuestra personalidad y nos hacen personas más pragmáticas, hedonistas y egoístas.

4. Clima de competitividad y cultura del éxito. La cultura del éxito y la competición pone un acento especial en el resultado. Hay que triunfar, ya se sabe. Dios no te creó para estar en la media, para ser uno más. Así, no importa tanto el esfuerzo ni el camino recorrido con otros, sino llegar el primero a la meta, el resultado final. Conforme a esta lógica, el triunfador es el niño que saca buenas notas –aunque sea un idiota- o el adulto que tiene una carrera profesional exitosa y lleva trajes de Armani, aunque su vida familiar sea un desastre o no tenga relaciones de amistad significativas y profundas. 

Todos estos factores hacen que, más allá de apelaciones ocasionales a la empatía, hechas muchas veces con un enfoque egoísta, “porque ser empático es rentable social y profesionalmente”, vivamos en una sociedad fría e individualista.

Pues bien, para rescatar la empatía como un verdadero valor social hacen falta personas disidentes, que conformen una verdadera resistencia: la resistencia de la empatía, del cariño y de la ternura. Lo que no equivale a ser infantiloides, ñoños ni blandos. Se puede ser cariñoso y a la vez exigente; humilde y fuerte; tierno y responsable. No nos dejemos engañar por caricaturas distorsionadas y acarameladas del corazón.

La reivindicación de la empatía requiere principalmente reeducar el corazón, para aprender a ponernos más a menudo en los zapatos de los demás. Cada uno podrá contribuir a esta nueva educación afectiva de distintas formas.

– Los medios de comunicación y las personas influyentes, podrán presentar modelos compasivos y humildes, que estén abiertos a los demás y valoren el trabajo en equipo. Retirar un poco el foco de personas, personajes y personajillos ególatras y pagados de sí mismos, y dar más cuota de pantalla a otros líderes más generosos y empáticos.

– Los educadores y las familias, deberían recordar que la clave de la felicidad no es un punto más en la nota media, ni un coche diez mil euros más caro, sino más bien la capacidad de establecer relaciones significativas con otras personas. No insistas tanto a tu hijo en lo trascendental que es sacar buenas notas; repítele que más importante es tener un buen corazón.

– Cada uno de nosotros podría intentar mirar un poco más a los lados y ponernos más a menudo en la piel de los demás.

Educar el corazón. Cambiar más de zapatos. Reconquistar la empatía. Eso sí que son objetivos ilusionantes, y no conseguir más likes, adelgazar dos kilos o ahorrar lo suficiente para poder comprarnos un bolso de marca. No te conviertas en un burgués triste y narcisista. Sacúdete la comodidad y el egoísmo, tan pegajosos como aburridos. Apúntate a la resistencia. Engorda tu capacidad de amar. Decídete a cambiar más de zapatos.

(Artículo aparecido en Aleteia)

marzo 24, 2021

EL AMOR, ANTÍDOTO AL SUFRIMIENTO, DOLOR Y ENFERMEDAD


La psiquiatra Marian Rojas ha ofrecido una entrevista al diario La Opinión en la que nos ofrece unas claves para ser felices y para lograr una vida plena. 

Desconectar el teléfono móvil para escapar de los estímulos que nos alteran es el principal consejo a los pacientes que se caen en su diván, incapaces de gestionar sus emociones en plena huida sin éxito del dolor y el sufrimiento que provoca el vacío de sus vidas. Ese desasosiego perjudica gravemente al organismo, hasta el punto de que la toxicidad del odio puede llegar a alterar nuestros genes. «Perdonar es ir al pasado y volver sano y salvo». Acaba de lanzar "Cómo hacer que te pasen cosas buenas" (Espasa) para ayudar a la gente a encontrar la felicidad superando las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro. 

¿Consiste la felicidad únicamente en que nos pasen cosas buenas?

Ese es un pilar para ser feliz o por lo menos para conseguir que lo que te suceda lo interpretes como algo positivo. La vida tiene un gran componente de sufrimiento y de momentos de dolor que son unos ingredientes más de la vida misma. Es un drama dedicar nuestro tiempo a huir del dolor y del sufrimiento.

¿Cómo hay que gestionar el estrés para mejorar nuestro bienestar?

Conociéndose a uno mismo para saber cómo reacciona el cuerpo y la mente ante el estrés. Cuando uno sabe lo que le pasa puede enfrentarse a ello y gestionarlo mejor, porque uno conoce su forma de ser y localiza sus principales focos de estrés.

¿Qué es más importante: controlar la mente o controlar las emociones?

Casi todas las emociones vienen precedidas de un pensamiento. La emoción genera después un impacto en el organismo. A veces no somos capaces de gestionar la emoción, pero podemos educar los pensamientos para capear esas emociones.

Dígame cómo se educa el pensamiento.

Todos tenemos una voz interior comentadora que nos va narrando la jugada: has engordado, tu jefe no te hace caso, esta ciudad es un horror, etc. Cada uno de esos pensamientos genera una emoción y, por lo tanto, un impacto en el organismo. Muchas veces, ante esos pensamientos, nos autoboicoteamos y ponemos a nuestro organismo en modo alerta.

¿Qué hacer entonces?

Educar al pensamiento para que no sea negativo y hablarle de tú a tú.

Déme alguna técnica para no sentirme desbordada por mis emociones.

Desconecte el teléfono. El teléfono es una fuente constante de estímulos que nos alteran porque generan vacío, nos tienen en tensión ante compromisos por contestar y además nos hace creer que todo el mundo es más feliz que tú y más guapo en las redes sociales.

¿Cómo puedo, en definitiva, mejorar mi vida personal, familiar y laboral?

El que se conoce a sí mismo y sabe gestionarse con cierto equilibrio interior mejora a nivel de pareja, profesional, familiar y social. El que vive esclavo de las emociones está perdido, vacío y sin rumbo.

¿Por qué somatizamos nuestros sentimientos?

Las emociones impactan directamente en nuestro organismo y el que se traga sus emociones acaba ahogándose.

¿Qué hay en el fondo de nuestra mente?

La ilusión de ser felices, hallar un estado de plenitud y la necesidad de ser amados.

¿Cómo surgen el optimismo y el pesimismo?

Es la misma forma de ver la realidad pero con diferentes gafas. El pesimista puede nacer o hacerse y el optimismo se puede aprender porque nunca es tarde para reeducar el cerebro.

¿Es lo mismo la felicidad que el bienestar?

No. Un gran amigo mío dice que el bienestar es una sensación física y psicológica que colma los sentidos y la felicidad es el corazón.

¿Qué papel juega el amor en nuestras vidas?

Todo. Es el antídoto al sufrimiento, al dolor y a la enfermedad. Hoy en día todo es de usar y tirar, hasta el amor que parece que requiere de la aprobación inmediata a través de un clic, cuando es todo lo contrario y necesita esfuerzo, constancia, trabajo, delicadeza y paciencia. Hemos cambiado nuestro cerebro y queremos satisfacción instantánea a base de un clic.

¿Por qué el odio es tan determinante en nuestras relaciones sociales?

Tendemos a aliviar nuestra situación viendo lo negativo de los demás. El odio es otro pensamiento tóxico, como el resentimiento, que nos inunda. El odio y el resentimiento son tan tóxicos para el organismo que provocan todo tipo de enfermedades, hasta el punto que alteran nuestros genes.

¿Hay modo de combatirlo?

Sí. Queriendo a la gente e ilusionándose por la vida. Rodeándose de personas-vitamina y aprendiendo a perdonar. Un corazón resentido no puede ser feliz. Perdonar es ir al pasado y volver sano y salvo.

febrero 13, 2021

CATÁSTROFE EDUCATIVA

 


Desde algunas instancia se afirma que estamos asistiendo a una “catástrofe educativa” causada por la pandemia de coronavirus, ya que ha obligado a los estudiantes de la mayoría de países de todo el mundo al aislamiento y a la soledad. Los estudiantes no han podido acudir a clase de manera presencial y aunque se han puesto en marcha otras alternativas mediante plataformas de videoconferencia, esto también está causando muchos problemas  por las desigualdades que surgen entre el alumnado que tiene fácil acceso a la tecnología y aquellos cuyas familias no tienen esa capacidad.

Como consecuencia, muchos alumnos se están quedando atrás en su proceso de aprendizaje.  Además, el aumento de las clases online ha llevado a una mayor dependencia de internet y de lo virtual, de manera que se constata una sobreexposición a actividades cibercriminales, como el phising, la suplantación de identidad o el robo de datos sensibles. Por todo ello, la situación que vivimos se ha denominado de "catástrofe educativa".

Entre las voces que denuncian esta situación se encuentra el Papa Francisco, quien ha afirmado la necesidad de un nuevo compromiso educativo que abarque a toda la sociedad, porque la educación es el antídoto natural de la cultura individualista, que a veces degenera en un verdadero culto al yo y en la primacía de la indiferencia.

enero 19, 2021

"NO COMPENSA EL ESFUERZO"



Según una información aparecida en el periódico "El Mundo", el número de matriculados en carreras de ciencia y tecnología ha caído un 30% desde el año 2000 lo que apunta a que en años venideros estos perfiles tecnológicos se quedarán sin cubrir en nuestro país. Mientras que en Europa ganan peso la ingeniería y arquitectura, en España lo hacen las artes y humanidades. El presidente de la Conferencia de Rectores, José Carlos Gómez, ha asegurado que "sin suficientes ingenieros, matemáticos, físicos o químicos nos quedaremos fuera de la Revolución 4.0, como ya nos ocurrió en otras épocas de nuestra historia, y seremos tecnológicamente dependientes".

Aparentemente la causa se encuentra en que se pide un esfuerzo a los alumnos que no se ve compensado posteriormente cuando desarrollan su vida laboral; los jóvenes actualmente valoran el esfuerzo de forma diferente a generaciones anteriores, con lo que si no cuentan con la motivación de un mayor salario en un futuro, prefieren cursar otros estudios. 

A menudo se olvida que las metas que nos trazamos en la vida requieren que demos lo mejor de nosotros mismos: dar nuestro tiempo, dejar a un lado aficiones, sufrir muchas contrariedades e incluso hacer cambios a nuestro alrededor que nos permitan y faciliten la consecución de nuestras metas.

Valorar el esfuerzo forma parte del crecimiento y desarrollo de la persona; de hecho, nuestro cerebro se desarrolla mediante el esfuerzo. El problema se encuentra en que la sociedad no valora a quien más se esfuerza, sino a quien es elegido, bien por la maquinaria mediática o por algunos grupos de poder para que, temporalmente, sirva a sus intereses, o simplemente a quien tiene suerte.

Consideremos que todo esfuerzo conlleva un aprendizaje y que valorar el propio esfuerzo nos enseña a no depender de opiniones ajenas y a cultivar nuestra autoestima de una manera sana que nos permite sacar adelante nuestros proyectos.

Maravillas Moya Cabrera