Hay personas que consiguen todas las metas que se proponen y hay otras que no consiguen muchos de los objetivos que se plantean. Sin embargo, se debe añadir que en la mayoría de ocasiones las cosas se consiguen con mucho esfuerzo y tenacidad. Lo cierto es que muchas de las personas nos encontramos a medio camino entre lo uno y lo otro: ni conseguimos todo lo que nos proponemos pero tampoco fracasamos siempre. Nuestros logros a veces nos pueden parecer pequeños y sin importancia, aunque todo es cuestión de perspectiva: esos "pequeños" logros que hemos conseguido quedan fuera del alcance de muchos en la vida real, mientras que nosotros no valoramos lo suficiente lo que hemos conseguido; tendemos a valorar más lo que tienen otros, ya sea materialmente o no.
Puede haber varias razones por las que una persona no alcanza aquello que se propone: una de ellas es no tener los conocimientos o las habilidades que se requieren para alcanzar esos objetivos. Por ejemplo, si un estudiante desea ser médico, tiene que prepararse y estudiar concienzudamente. Si no lo hace, es lógico que suspenda sus exámenes. Otra razón es no poder alcanzar una meta porque las circunstancias no lo permiten; puede ser por un motivo físico, como una discapacidad visual o circunstancias externas, familiares o laborales. Una última razón sería la falta de motivación: el individuo puede proponerse algo que está al alcance de su mano pero no es capaz de hacer el esfuerzo necesario porque con el tiempo ese objetivo va perdiendo fuerza y con ello la motivación para mantenerse y perseverar.
A lo largo de la vida todos nos enfrentamos a momentos que son cruciales. En este tema que nos ocupa, la adolescencia tiene mucha importancia ya que hay una tarea que consiste en construir la propia identidad y elaborar un proyecto de vida. Pero puede suceder que esa construcción de la identidad se vea alterada o no resuelta con el tiempo en la edad adulta. Hay veces que se copia o se acepta una imposición de un modelo. Por ejemplo, una chica cuyos padres han sido maestros y, como no tiene las cosas muy claras, se ve abocada a estudiar magisterio siguiendo el modelo familiar. De cualquier forma no solamente hablamos aquí del ámbito de los estudios sino que también puede ser con respecto a una pareja o a la identidad sexual. En otras ocasiones la identidad se halla como en estado de crisis y el individuo no es capaz de centrarse en una tarea concreta; si comienza un proyecto, no persevera y esto se continua en el tiempo; se comienzan planes y nunca se terminan, se abandonan pasado un tiempo. También hay una identidad negativa que resulta de no construir nada; hay una dedicación a destruir los valores del entorno que rodea al individuo y todo se tacha de aburrido o estúpido para esconder con argumentos otras motivaciones.
Estos conflictos de identidad pasan factura tarde o temprano porque cuando se llega a la madurez se tiene la tendencia a volver la vista atrás y revisar lo que se ha hecho en la vida, hacer un balance entre lo que se deseaba y lo que se ha obtenido. En muchas ocasiones, se entra en una crisis puesto que se observa mucha distancia entre estos dos puntos, aunque esto es, en cierto modo, normal. En otras personas hay una discrepancia mucho más amplia, que puede ser por factores como una ambición exagerada o porque en la vida tuvieron dificultades que les impidieron realizar aquello que deseaban.
También hay casos en donde se cambia de rumbo llegada cierta edad; esto suele ser una excepción. Por ejemplo, una docente que deja esta labor para dedicarse a lo que siempre fue su pasión: el diseño de moda o joyas. Aún así, lo normal es tratar de conciliar de alguna manera lo que uno quiere o quiso ser y lo que es.
La dificultad viene cuando no se sabe conciliar estos polos y se percibe la vida como un error o una decepción. Cuando se tiene esa sensación, todo se vive desde el fracaso. Cabe recordar que en el mundo de hoy, todo se mide en términos de productividad, de manera que se valora lo lejos que se ha llegado en la vida profesional o en las relaciones sociales; si somos personas de éxito, con un buen salario, coche y vivienda en el mejor sitio de la ciudad. De otro modo, parecería que no hemos conseguido nada o casi nada.
Resulta sanador caer en la cuenta de los pequeños logros que todos conseguimos, unos consiguen unas cosas y otros, otras; no los podemos conseguir todos, pero si vemos nuestra historia, podremos apreciar muchas satisfacciones: una familia unida, un buen amigo, unos hijos sanos, una esposa o esposo que está a nuestro lado, un voluntariado donde podemos dar sin esperar nada a cambio, superar un curso que nos permita conocer mejor la realidad, unas vacaciones en un lugar al que siempre quisimos ir, ... . La vida está llena de esos pequeños (o grandes) regalos que nos hacen ver que merece la pena seguir adelante, estableciendo proyectos acordes a nuestra situación actual y planteándonos nuevas metas. Las experiencias continúan junto con los proyectos y el optimismo, adecuados a una edad, aunque no se trate de comenzar como cuando se es más joven. Si nos sentimos permanentemente insatisfechos, la impresión que se da es la de inmadurez personal.
Cree en ti mism@, agradece, confía y camina con esperanza.
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