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domingo, 8 de septiembre de 2024

¿QUÉ ES LA VERDAD?

 

Vivimos en una cultura utilitarista que se pregunta sobre la utilidad de todo lo que existe y si no se encuentra una respuesta, esas actividades, labores o dedicaciones se rechazan. Resulta llamativa la actitud de Santo Tomás, mencionada por Edith Stein, que ya comentamos en este post. A Tomás de Aquino le importaba la verdad porque esta se basta a sí misma y produce sus frutos; confía en el papel de la fe mientras que Husserl entiende la verdad como una contemplación de la esencia de las cosas. Estas actitudes resultan totalmente opuestas a las que se viven hoy en día, donde nadie desea detenerse a pensar por no enfrentarse a las preguntas más profundas que surgen en su interior y que el ser humano no es capaz de responder por sí mismo.

Para un creyente, la fe es la verdad. En el caso de la filosofía, si el filósofo es creyente, recurrirá a la fe cuando no encuentre una respuesta satisfactoria o se enfrente a los límites de la razón natural. La fe le ofrecerá respuestas; si la fe es un pilar importante en su vida, a la hora de hacer filosofía no puede rechazar este pilar puesto que es para él fundamento que conforma su vida, forma parte de su identidad. Esto le sucedió a Edith Stein: encontró respuestas en la fe católica y pasó a conformar su vida; a la hora de hacer filosofía, no podía sustraerse a su fe. Evidentemente, en aquello que encuentre cada uno el sentido de su vida constituirá la orientación que le conduzca en cualquier actividad.

Actualmente se critican mucho las posiciones cristianas o neoescolásticas, por recurrir a la fe para hacer filosofía; se identifica una corriente, en este caso la filosofía cristiana, con todo el pensamiento filosófico. El criterio debe ser la verdad de las cosas, no el hecho de que fueron expuestas por uno u otro filósofo, o siguiendo una corriente determinada.

Por último, se debe destacar el papel de la Revelación y su alcance para el estudio y el desarrollo de la actividad filosófica. La fe y la Revelación siempre ayudan a la filosofía, amplían el campo del saber para que pueda alcanzar metas más altas que solamente con la razón quedarían más reducidas. El debate surge cuando el filósofo no es creyente, cuando la fe y la Revelación no son consideradas como fuente de conocimiento y no aportan nada a un filósofo no creyente. En este caso, cabe mencionar de nuevo a Pieper quien defiende el respeto a la tradición, a la filosofía precedente, cuyas afirmaciones no se pueden dejar a un lado al filosofar.

Según San Juan Pablo II, la Revelación nos permite comprender y acoger el misterio de la propia vida; orienta al hombre, que desea conocer la verdad y así recibe la posibilidad de recuperar una relación con su vida y un sentido siguiendo el camino de la verdad. De cualquier forma, la Revelación no supone llegar a la meta sino que es una anticipación de lo que será nuestra visión de Dios reservada para los que creen en él o para los que lo buscan con un corazón sincero. Aquí se percibe cómo filosofía y teología buscan ese sentido último o fin último de la vida aunque lo hacen con medios y contenidos diferentes.

martes, 6 de agosto de 2024

COMENTARIO A "¿QUÉ ES FILOSOFÍA? UN DIÁLOGO ENTRE HUSSERL Y SANTO TOMÁS DE AQUINO"

 


Primeramente, en esta obra se pone de manifiesto que el conocimiento humano comienza con los sentidos. Esto se reflejaba igualmente en la Metafísica de Aristóteles:

"amor a las sensaciones. Éstas, en efecto, son amadas por sí mismas, incluso al margen de su utilidad y más que todas las demás, las sensaciones visuales. Y es que no solo en orden a la acción, sino cuando no vamos a actuar, preferimos la visión a todas –digámoslo- las demás. La razón estriba en que esta es, de las sensaciones, la que más nos hace conocer y muestra múltiples diferencias”.

Según se constata en el texto de Edith Stein, el conocimiento comienza por los sentidos; después tendría lugar una elaboración intelectual de este material recabado por los sentidos para finalmente llegar a la esencia de las cosas con un elemento pasivo en el que se recibe la intuición.

La filosofía es búsqueda de la verdad. Desear saber es connatural al ser humano y aquello que deseamos saber es la verdad de las cosas, no una verdad particular, sino de modo universal. Tanto Santo Tomás como Husserl buscan la verdad mediante la luz de la razón, con una actitud de búsqueda de respuestas ante los interrogantes más profundos que surgen en el interior del ser humano y que no tienen una explicación sencilla o no se puede ofrecer un razonamiento puramente científico puesto que no son verdades medibles o cuantificables. 

Pieper menciona que, para Santo Tomás, la información que ofrecen las ciencias especiales se puede poseer de manera completa pero no así la sabiduría porque es buscada por sí misma. Los interlocutores de la obra de Stein son conocedores de que la sabiduría a la que el ser humano aspira nunca se logra en plenitud; desean conocer, pero son conscientes de las limitaciones humanas del saber. Pueden alcanzar la sabiduría humanamente, pero aun así las conclusiones a las que lleguen serán verdaderas y reales. Ninguno de ellos tiene una posición escéptica con respecto a la posibilidad de alcanzar el conocimiento. 

Ambos desean saber la verdad de las cosas, lo que las cosas son, su esencia. Y conciben el conocimiento humano como un fin en sí mismo, no un saber para hacer o producir algo con él, en sentido utilitarista. Pieper presenta la filosofía como una actividad contemplativa e inútil, que trasciende lo útil ; el acto filosófico no tiene una utilidad práctica, sino que es un fin en sí mismo. Igualmente Pieper califica a la filosofía como una mirada receptiva a la realidad coincidiendo con Tomás de Aquino y Husserl, que dialogan en la obra sobre un recibir pasivo o el carácter pasivo de la intuición.

lunes, 29 de abril de 2024

PRESENTACIÓN DEL TEXTO: "¿QUÉ ES FILOSOFÍA? UN DIÁLOGO ENTRE EDMUND HUSSERL Y SANTO TOMÁS DE AQUINO"



La filósofa alemana Edith Stein realizó una comparación entre la filosofía de Santo Tomás de Aquino y la fenomenología con motivo del libro homenaje que fue preparado para Husserl por sus discípulos y compañeros con ocasión de su 70 cumpleaños. Fue realizado en forma dialogada, algo que no satisfizo al responsable de tal libro, Martin Heidegger. De esta manera, Edith Stein tuvo que cambiar este escrito a formato de artículo e introducir una variación en el título: La Fenomenología de Husserl y La Filosofía de Santo Tomás de Aquino. Ensayo de una confrontación. Presentamos el texto utilizando ambas versiones.

¿Qué es filosofía? Un Diálogo entre Edmund Husserl y Santo Tomás de Aquino está dividida en seis partes. Al comienzo de la obra se detallan el lugar, día y hora donde se desarrolla el diálogo: el despacho de Husserl, el 8 de abril de 1929 a últimas horas de la tarde. Después de saludarse e intercambiar algunas palabras introductorias, pasa cada uno a exponer su visión particular de la filosofía.

1. La filosofía como ciencia estricta.

Tanto en Husserl como en Tomás de Aquino hay una convicción de que un logos impera en todo lo que es y que a nuestro conocimiento le es posible descubrir ese logos pero las concepciones de ambos y los límites de su proceder pueden ser divergentes.

2. Razón natural y razón sobrenatural, creer y saber.

Ambos filósofos destacan la fuerza de la razón. Husserl consideraba la razón natural y Santo Tomás establecía la distinción entre razón natural y razón sobrenatural.

La fenomenología procede como si no hubiera límites para la razón; la tarea del conocimiento es un proceso infinito. El Doctor Angélico opina que este es el camino de la razón natural: un camino infinito que no puede llegar nunca a la meta, pero no es el único camino. Existe la plena verdad y hay un conocimiento que la abarca plenamente: el conocimiento divino. Algunos aspectos nos son comunicados ahora por medio de la Revelación; aun así, tanto nuestro saber como lo que es alcanzable por la fe es limitado.

Husserl no niega el papel de la fe pero apunta que la fe es competente en el terreno religioso, como los sentidos a la experiencia. Sin embargo, para el Aquinate la fe fija los límites de la razón natural y al mismo tiempo los de una filosofía que brota de la razón natural. La fe es un camino hacia la verdad, un camino hacia verdades que de otro modo quedarían ocultas y además es el camino más seguro. 


Husserl hace una objeción a este planteamiento: si la fe es el criterio último de todas las verdades, ¿cómo se mide ella misma? ¿Qué garantiza la autenticidad de la certeza de la fe? Tomás de Aquino responde que la fe se garantiza a sí misma; Dios nos da la Revelación y garantiza su verdad. 

3. Filosofía crítica y filosofía dogmática.

El filósofo que se sitúa en el terreno de la fe posee la certeza absoluta que se necesita para construir un edificio sólido mientras que otros filósofos tienen que buscar ese punto de partida. Esto le sucedió a Husserl, que tuvo que buscar un método fiable que descartara errores.
En consecuencia, en épocas posteriores se ha podido responder a muchas cuestiones recurriendo a los escritos del Doctor Angélico, aunque si sus reflexiones se consideran de manera superficial, parece que no son útiles. Pero acercándose a ellas con otro espíritu, se encuentran decisiones correctas, unos principios, un fundamento ya que Santo Tomás se atenía a la ley de la verdad, no a lo que iba a valer su estudio y la verdad produce por sí misma sus frutos.


4. Filosofía teocéntrica y filosofía egocéntrica.

Husserl y Tomás de Aquino partieron de que a la idea de la verdad le pertenece un existir objetivo independientemente de quién investiga, pero en la primera verdad y la primera filosofía se separan.

Para el Aquinate la primera verdad, el principio y criterio, es Dios; La fenomenología, por el contrario, situó al sujeto como punto de partida y centro de investigación; todo se halla relacionado con el sujeto. El mundo, que se edifica en actos del sujeto, es un mundo para el sujeto.

5. Ontología y metafísica.

Husserl pregunta a Santo Tomás qué opina de la distinción entre esencia y hecho. Para el dominico esta distinción existe, pero no con tanta nitidez como en la fenomenología. Por un lado, se encuentra lo que corresponde a las cosas en sí por su esencia y por otro, lo que les corresponde accidentalmente; hizo recaer el peso principal sobre las verdades esenciales, lo que a las cosas le corresponde por su esencia, el armazón fundamental del mundo.

6. La cuestión de la intuición. Método fenomenológico y escolástico.

Los métodos fenomenológico y escolástico son distintos; en la escolástica se halla la elaboración lógica y la utilización de la experiencia sensible, si nos limitamos al conocimiento natural. En la fenomenología hay una intuición inmediata de verdades eternas.



Ambos filósofos consideran como tarea de la filosofía obtener una comprensión del mundo que sea lo más universal y fundamentada posible. El punto de partida absoluto para Husserl es la inmanencia de la conciencia y para Santo Tomás es la fe. El punto de vista uniformador es para Husserl la conciencia purificada trascendentalmente y para Tomás de Aquino es Dios y su relación con las criaturas.

miércoles, 16 de noviembre de 2022

RECENSIÓN DEL ESTUDIO "LA FENOMENOLOGÍA: PROPEDEÚTICA DE LA FE EN EDITH STEIN" DE EZEQUIEL GARCÍA ROJO

Recensión del estudio de Ezequiel García Rojo incluido en Ferrer, Urbano (ed.), Para Comprender a Edith Stein. Claves Biográficas, Filosóficas y Espirituales, Editorial Palabra, Madrid 2008, 407 pp, 13 x 21 cm.

El estudio en concreto lleva por título La Fenomenología: Propedeútica de la Fe en Edith Stein.

Este estudio se encuentra incluido en una obra colaborativa titulada Para Comprender a Edith Stein, cuyo editor es Urbano Ferrer y en el que participaron diversos autores. Se publicó en Ediciones Palabra en 2008 y cuenta con 407 páginas. 

El estudio que recensionamos, en concreto, viene a ser el capítulo noveno y tiene una extensión de veinte páginas. Su autor es Ezequiel García Rojo, carmelita descalzo, profesor de teología y estudioso de la obra de Edith Stein sobre la que ha publicado diversas obras y artículos.

Se halla dividido en tres partes: una a modo de introducción del propio ensayo; un primer punto titulado “raíces cristianas de la fenomenología” y un segundo punto que emula al título de este capítulo noveno, a saber, “fenomenología: propedeútica de la fe”. 

En términos generales, se presenta el itinerario que recorrió la filósofa de Breslau en su encuentro y relación con la fe cristiana, desde su adhesión a la fenomenología y colaboración con Edmund Husserl y los contactos que mantuvo con figuras clave en su conversión como fueron Max Scheler o Adolph Reinach y su esposa Anne hasta la constatación de la insuficiencia de la fenomenología ante el descubrimiento de otros horizontes y el deseo de dar cauce a sus inquietudes.

García Rojo destaca las raíces cristianas de la fenomenología, mostrando la conexión que la misma Edith Stein halló entre el pensamiento de Husserl y el espíritu cristiano, llegando a afirmar la existencia de una simbiosis entre ambos.

Cabe destacar la incorporación de nuestra filósofa a la escuela de Edmund Husserl, tras la lectura de las Investigaciones Lógicas, lo que supuso un punto de inflexión en su vida ya que es en este ambiente en donde surge el referente cristiano y Edith comienza a “preocuparse por las cuestiones religiosas”. En todos estos encuentros  que mantuvo nuestra filósofa en el Círculo de Gotinga se fue creando un clima intelectual y humano propicio y que finalmente dio lugar al giro espiritual que llamamos “conversión” en donde la fe fue ganando dedicación y marcó a la autora para el resto de su vida.

La figura de Max Scheler contribuye a que caigan las limitaciones de los prejuicios racionalistas y aparezca el mundo de la fe que la irá transformando poco a poco. Asimismo, su relación con Adolph Reinach puso de manifiesto cómo la fenomenología era un campo abonado para la fe, e igualmente la impresionó ver cómo Anne Reinach asumía la muerte de su marido experimentando la fuerza del misterio de la cruz.

Posteriormente advertimos el distanciamiento entre el maestro Husserl y su discípula. Como incansable buscadora de la verdad, la acogió plenamente cuando esta Verdad se le presentó. Concluye García Rojo con la idea de la pedagogía de Dios que se inserta en el día a día, desde los acontecimientos, que se adapta a la persona para transformarla y atraerla hacia sí. 

El estudio contribuye a realizar aquello que queda reflejado en el título de la recopilación de la que forma parte, Para Comprender a Edith Stein, ya que nos ofrece claves importantes en el desarrollo de su vida y pensamiento. Aunque el interés y la utilidad del mismo se centra  principalmente en aquellos interesados en profundizar en la vida, obra y evolución de la filósofa de Breslau, facilita enormemente la comprensión al ofrecer una visión general tan clarificadora de su dimensión intelectual, cristiana y también humana.


Maravillas Moya Cabrera


domingo, 9 de agosto de 2020

¿QUÉ DIRÍA EDITH STEIN A LAS MUJERES DE HOY EN DÍA?


Transcribimos esta entrevista a Feliciana Merino, experta en el pensamiento de Edith Stein, publicada en arguments.es en el día en que recordamos a Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Edith Stein, una mujer de gran inteligencia, muy profunda y buscadora de la verdad. Todo esto le hizo sufrir mucho porque las mujeres en su época tenían menos derechos que los hombres. ¿Nos podría explicar cuáles eran los sentimientos que la filósofa alemana albergaba en su corazón al respecto?

Lo primero que hay que decir es que Edith Stein fue educada en un ambiente judío liberal. Su madre quedó viuda cuando ella era aún muy pequeña y desde entonces pudo constatar la fuerza de las mujeres en el ejemplo vivo de su madre que no se amedrentó ante las circunstancias y siguió trabajando con empeño para sacar adelante el negocio familiar, a pesar de los consejos de sus parientes. Edith Stein se parecía mucho a ella, era obstinada cuando se proponía algo y siempre tuvo apoyo en su familia para estudiar e ir a la universidad.

Desde esa mentalidad pudo participar con solo 22 años en la Asociación prusiana a favor del voto femenino y en los debates universitarios sobre la doble vocación de la mujer. La igualdad entre hombres y mujeres era ya por aquel entonces un valor creciente, pero también era problemática la cuestión de si la mujer pertenecía prioritariamente al cuidado del hogar y de la prole así como las profesiones que se consideraban más adecuadas para mujeres.

En todo caso, Edith Stein nunca vivió las limitaciones como una injusticia, sino como una oportunidad de crecimiento y de cambio. Ella era fuerte y esa fortaleza fue la que le empujó a escribir al Ministro de Berlín cuando rechazaron su habilitación docente por ser un espacio vedado a las mujeres (nunca hasta entonces habían llegado tan lejos). Su argumento de que ser hombre o mujer no debía ser un impedimento para desarrollar una carrera científica, fue motivo para que se aprobara después un decreto más moderno al respecto. Pero Edith ya había tomado la decisión de volver a Breslau y empezar a dar clases de introducción a la filosofía.

La filósofa judía pensaba que estamos en la tierra para servir a la humanidad y que, para hacerlo de la mejor manera posible, debemos hacer aquello para lo que estamos inclinados. En esta idea podríamos contemplar la idea todavía prematura de la una vocación profesional también para la mujer… algo que se contemplaba borroso en su momento.

Por supuesto. Toda la filosofía de Edith Stein se puede decir que gira en torno al concepto de vocación. Su filosofía puede entenderse como una filosofía de la vocación. En alemán el término Beruf significa ambas cosas, tanto profesión como vocación, con lo que se unen en una misma palabra el sentido y dignidad del trabajo con la inclinación, aquello para lo que uno se siente llamado, que es la vocación. Por eso dice que quien considere su trabajo como simple fuente de ganancia o como pasatiempo lo desarrollará de una forma completamente distinta de aquel para quien sea vocación profesional en sentido propio, es decir, de aquel otro que se sienta llamado para ello.

En un mundo cada vez más marcado por los criterios de competitividad y de mercado, creo que es muy necesario recuperar este sentido de la vocación profesional, no como una cualidad deseable para el ejercicio de la profesión, sino como principio configurador de la propia vida. El trabajo no es algo separado del hombre o de la mujer, sino que “lo que hace un hombre es la realización de lo que puede hacer; y lo que puede es expresión de lo que es”.

Por eso, no es baladí la afirmación de Edith Stein de que “no existe profesión alguna que no pueda ser desempeñada por una mujer”, o la tan provocadora frase “Ninguna mujer es solo mujer”, porque hay en todo lo que hacemos un principio configurador, un ethos. Lo que hagamos lo haremos con pasión, y de una forma que será específicamente femenina. Si la vida y lo que hacemos manifiesta la respuesta a una llamada, el trabajo, cualquier trabajo, es la respuesta a la vocación de entrega del ser humano, es expresión de su capacidad de dar, o mejor dicho, de amar. El trabajo bien hecho es siempre signo de un amor más grande.

A una Edith jovencita le impactó el ver a una mujer caminando que a la vuelta del mercado entró en la catedral de Frankfurt. Podría haber quedado impresionada de que una humilde mujer en medio de los quehaceres cotidianos sintiera la necesidad de rezar. Ella en la sinagoga frecuentaba la celebración de un oficio y aquel “intercambio confidencial” de la mujer que entraba a la catedral para saludar a su Dios la impactó sobremanera. La religión como un encuentro personal con Alguien que te ama.

Realmente no estamos acostumbrados, en la vorágine de vida que tenemos, a hacer un parón en medio de la jornada para rezar, o cuando vamos corriendo de un lado a otro entrar en una iglesia para sencillamente escuchar el silencio o dialogar con Otro. Por ello es algo que no entra en nuestros esquemas, no entraba en los de Edith, ni en los nuestros, ni en los de nadie. Precisamente por ser algo tan sencillo se convirtió en extraordinario. De hecho, es una de las experiencias que ella misma cuenta que le impactaron y le acercaron a la fe cristiana.

La otra, es la mirada ante la muerte al ir a visitar a la viuda de su gran amigo Adolf Reinach, muerto en el frente en 1917. Se había imaginado a una mujer rota de dolor y desesperanzada y lo que se encontró fue a alguien rebosante de paz y de una esperanza cierta. Esta experiencia alimentó su deseo de creer, pues percibía en ella el Misterio venciendo al aguijón de la muerte, que no tiene la última palabra.

La lectura del libro de santa Teresa de Jesús le marca profundamente. Hace una lectura sapiencial del libro; es decir, que lo leyó como una revelación personal… y se convierte a la religión católica. ¿Qué sentimientos pudo percibir al leer los escritos de la santa de Ávila?

Es verdad que Edith Stein había tenido muchos amigos que se habían convertido al protestantismo y que de hecho frecuentaba más ambientes protestantes que católicos, pero que las cosas ocurrieran como lo hicieron es también parte del Misterio en el que ella reconoce a Cristo. Un matrimonio amigo, los Conrad-Martius, protestantes ambos -Edith era muy amiga de Hedwig, recientemente convertida al protestantismo-, la invitaron un fin de semana a su casa en Bergzabern, y una plácida tarde de verano de 1921, en ausencia de estos, cogió de la estantería de su biblioteca el Libro de la vida de santa Teresa de Jesús.

Lo leyó de un tirón y descubrió que ahí estaba la verdad, una verdad que no es científica, la Verdad del Amor, de la entrega, de la unión con Dios. Había leído ya partes del Nuevo Testamento, también las Confesiones de san Agustín, los ejercicios de san Ignacio de Loyola, pero esto fue la culminación de un proceso de búsqueda. Como dice un amigo mío: «no se trata de coincidencias, sino de dioscidencias«.

Lo que está claro es que en santa Teresa encuentra el modelo de vida a seguir, que elige como madrina de bautismo a Hedwig, su amiga y dueña de la casa donde encontró y descubrió la verdad, y que escoge como nombre de bautismo a la fe católica el de Edith Teresa Hedwig, en honor a santa Teresa y a su amiga. Después, cuando hace la profesión en el Carmelo, su nombre será Teresa Benedicta de la Cruz, en honor a santa Teresa y a san Juan de la Cruz, en cuya lectura se embarca sus últimos años. En fin, ¿qué más se puede decir? Se trata de un encuentro concreto, muy concreto, que marca su vida y su vocación.

Cuenta la filósofa que su madre vivió su conversión como “la pena más pesada que tuvo que soportar”. Hacer sufrir a una madre de ese modo debe ser muy doloroso. 

Sí, por lo que sabemos parece que a Edith le costó mucho contárselo a su madre. Tanto que tuvo que pedirle ayuda a su hermana Erna. Hay un testimonio de su hermana donde lo explica. En septiembre de 1921 había nacido su primer hijo y Edith se encontraba en casa ayudando a su hermana. Allí le expuso su decisión de convertirse al catolicismo y le pidió que preparara el ánimo de su madre. Era una tarea bien difícil.

Para su madre, aunque siempre se había mostrado comprensiva para todo y les había dado mucha libertad, una decisión así representaba un golpe durísimo. Era, en efecto, una judía verdaderamente creyente y consideraba como una apostasía el hecho de que Edith abrazara otra religión. También sus hermanos intentaron disuadirla en atención a la madre, pero al final confiaron en su convicción interior, y también su madre tuvo que aceptarlo. 

Por lo demás, en la vida de Edith Stein no hay fisuras, no se puede hablar de una separación entre lo intelectual y lo espiritual. Su conversión es el fruto de un camino de búsqueda de la verdad. Todos los pasos dados son pasos en la misma dirección. Todo está en su sitio. Edith lo entendió al final. Su vida es un modelo porque no hay discontinuidades. El Señor le sale al encuentro y ella da su Sí. 

Edith Stein es de otra época, pero… ¿qué le puede aportar a la mujer europea de hoy día?

Los escritos de Edith Stein hablan a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su vida también habla. No en vano ha sido declarada santa y copatrona de Europa. Una de las cosas que a mí me parece que nos diría a las mujeres europeas, con la que está cayendo, es: ¡No tengáis miedo! A sermujeres, a no sucumbir a los discursos ideológicos que proponen la anulación de las diferencias.

Edith Stein no quiso abanderar ninguna tipología de las diferencias entre hombres y mujeres, porque acaban siendo obsoletas ante la innegable adaptación del sujeto a las circunstancias concretas. No se trata de defender posiciones conservadoras respecto al papel que la mujer ocupa en el hogar, ni tampoco se trata de defender la igualdad a ultranza a costa de la anulación de las diferencias. Para ella, se trata de responder de manera personal y compartida a la misión que se nos ha encomendado. Hombres y mujeres somos iguales, diferentes y complementarios.

Los discursos ideológicos, tanto aperturistas como conservaduristas, ahogan esta verdad innegable, que se descubre no en una lucha de sexos, sino en darnos cuenta de que el otro es un esser kenegdo, expresión hebrea que utiliza Edith Stein, una imagen especular donde el otro puede contemplar su propia naturaleza, siempre incompleta. Solo cuando hay amor, ayuda mutua y entrega, nos damos cuenta de que en ese camino, aunque frágil, finito y lleno de límites, siempre hay otro Amor más grande nos acompaña en esta tarea.