noviembre 17, 2021

PORQUÉ NOS CUESTA TANTO ABRIR EL CORAZÓN A DIOS




Más allá de querer o no, tener presente a Dios en nuestras vidas; que abramos o no, las puertas de nuestro corazón; que nos esforcemos o no, para que Dios sea más o menos importante para nosotros, la verdad –aceptemos o no– es que su huella está profundamente inscrita en nuestro interior. Negar esa realidad es negarnos a nosotros mismos. Es negar el origen y fundamento de lo que somos. De cómo aceptemos o vivamos esta realidad dependerá nuestra realización personal.

Preguntémonos: ¿Por qué existo? ¿Por qué yo soy quien soy, y no otro? No somos dueños de nuestras vidas. No somos nosotros quien elegimos existir, y mucho menos ser quienes somos. Decir que existimos y somos quién somos gracias a nuestros padres y ancestros no es equivocado, pero quedarnos solamente con esa dimensión de la realidad sería empobrecer nuestras existencias. Nuestros padres nos conceden la existencia genética y biológica, nos educan, nos forman, etc… además de las características, riquezas y deficiencias que podemos tener de por sí, mucho de lo que somos depende también de lo que aprendemos a lo largo de nuestra vida, en los distintos lugares dónde nos desenvolvemos. Pero aun así, hay algo en nuestro interior que define quienes somos. Eso es nuestro espíritu. Nuestro interior. Nuestra consciencia. Nuestro “corazón”. Es decir, nuestro “mundo interior”. Es algo muy distinto en cada persona. Esa diferencia interior, del corazón, espiritual, no lo recibimos de los padres, ni tampoco es algo que la sociedad poco a poco va determinando. Tampoco somos nosotros quien lo elegimos. Así nacemos. Así lo ha querido Dios. Querámoslo o no.

¿Qué tan profundo es nuestro mundo interior? ¿Nos sentimos satisfechos con lo que el mundo puede ofrecernos? No hablo sólo en términos negativos. Efectivamente, hay muchas cosas valiosas como nuestro trabajo, estudios, la familia, nuestros hijos, etc… realidades de nuestra vida que son fundamentales y realmente llenan de felicidad nuestro mundo interior. Pero todas ellas son finitas, en algún momento terminan. Entonces brota la pregunta: ¿Todo eso llena y satisface plenamente nuestro interior? O acaso ¿no buscamos alguien que nos ofrezca una felicidad sin límites? Todos buscamos siempre lo infinito.

Por lo tanto, si sabemos que sólo Dios es esa persona infinita que puede saciar nuestra “hambre” interior ¿por qué nos cuesta abrir el corazón a Dios? Dejar que el amor de Dios llene de sentido nuestra vida. La respuesta no es fácil. Implica muchas variables. Cada uno tiene sus propias razones para abrir o no el corazón a Dios. Qué tipo de educación y formación recibimos en la familia, cuánto influenciaron nuestras amistades o el mundo con sus falsas propuestas, la educación que recibimos en las escuelas y universidad, las corrientes de pensamiento vigentes de la determinada circunstancia cultural en la que vivimos. Experiencias problemáticas o traumáticas que llevaron a que cerrásemos nuestros corazones, no sólo a Dios, sino a los demás.

Esas experiencias difíciles o traumáticas pueden generar problemas de índole psicológica que distorsionan la manera como nos acercamos a la realidad. También las experiencias de sufrimiento y dolor que podemos atravesar en la vida, pueden, en muchos casos, llevar a renegar de Dios. Cómo si Dios fuera el culpable de todo lo malo que sucede en la vida. Por otro lado, están los que creen que Dios nunca los escucha, los que no saben cómo hablar o relacionarse con Él. Los que están tan encerrados en sí mismos, que no son capaces de percibir la acción de Dios en sus vidas. También están aquellos que sencillamente no conocen a Dios. Por distintas razones nadie les habló de Dios, ni tampoco les ayudaron a acercarse a Él. Finalmente, están nuestros propios pecados personales, que objetivamente nos alejan de Dios, que nos hacen creer que ya no somos dignos de acercarnos a Él. Nos desesperanzamos. Creemos que no hay salida para nuestra postración. Estas son algunas razones por las que se hace difícil que Dios entre en nuestros corazones. Cada persona tiene sus propias dificultades. Sino superamos esas dificultades terminaremos alejándonos cada vez más de Él.

Sin embargo, Dios nunca se cansa de salir a nuestro encuentro. Conoce nuestros corazones. Nos conoce mucho mejor que nosotros mismos. Apuesta por nosotros. Desde el comienzo, luego del pecado original, promete un Mesías, un Salvador, que vendría a liberarnos del pecado, que vendría a iluminar la oscuridad en la que vivimos. A lo largo de toda la historia del pueblo de Israel, Dios se fue manifestando progresivamente a través de los Patriarcas, profetas, reyes… y, finalmente, envío su propio hijo, que siendo Dios, nació de la Virgen María y se hizo hombre. El todopoderoso se hizo pequeño como un bebe. El Eterno se hizo finito y mortal. Se alegró, se entristeció y lloró. Asumió el peso de nuestros pecados. Apostó tanto por nosotros, se involucró tanto, nos ama tanto, que llegó al punto de entregar su Hijo único a que muriera en la cruz, por nuestros pecados.

¿Qué debemos hacer? Si percibo algo de eso en mi vida, ¿qué tengo que cambiar? El camino, más que preguntarnos ¿qué hacer? ¿Qué cambiar? es descubrir en Dios una persona real con quien puedo relacionarme. Puedo tener muchos y distintos problemas, pero se trata de crecer y fomentar una relación personal. El hecho humano de la relación personal es algo que vivimos cotidianamente. Nos relacionamos con nuestros familiares, amigos, colegas de trabajo, etc… A partir de la relación personal con Dios, aprenderemos a abrir nuestro corazón. Además ¿qué vamos a perder? ¿Por qué tenerle miedo? No hay ninguna razón para temerle. Él es Dios. Nos creó por amor. Entregó su Hijo único para morir en la Cruz por amor. ¿Qué más podemos pedirle a Él que nos muestre cuánto nos ama? Él nos da la verdadera felicidad. A fin de cuentas, el punto es: ¿dónde quiero poner mi corazón? ¿Dónde está mi tesoro? Pues ahí donde descubro el tesoro para mi vida es dónde pondré mi corazón. ¿Qué quiere y necesita mi corazón? Abrir el corazón no es fácil, pero está en juego nuestra felicidad.

(Artículo de Pablo Augusto Perazzo en Aciprensa)

noviembre 12, 2021

LA ADICCIÓN A LOS "SMARTPHONES" EN LOS JÓVENES



Casi una cuarta parte de los jóvenes dependen tanto de sus teléfonos móviles que se convierte en una adicción, según un estudio del King's College de Londres. Este comportamiento adictivo significa que las personas se vuelven "aterradas" o "molestas" si se les niega el acceso al teléfono y tampoco pueden controlar la cantidad de tiempo que pasan con él. El estudio advierte que tales adicciones tienen "graves consecuencias" para la salud mental.

El estudio encontró que el 23% tenía un comportamiento similar al de una adicción, como la ansiedad por no poder usar su teléfono, no poder controlar el tiempo dedicado y que usar teléfonos móviles era perjudicial para otras actividades. El comportamiento adictivo podría estar relacionado con otros problemas, dice el estudio, como el estrés, el estado de ánimo deprimido, la falta de sueño y la reducción del rendimiento en la escuela.

"Los teléfonos inteligentes llegaron para quedarse y es necesario comprender la prevalencia de su uso problemático", dice uno de los autores del informe, Nicola Kalk, del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King's College de Londres. "No sabemos si es el teléfono inteligente en sí mismo el que puede ser adictivo o las aplicaciones que las personas usan. Sin embargo, existe una necesidad de conciencia pública sobre el uso de teléfonos móviles en niños y jóvenes, y los padres deben saber cuánto tiempo pasan sus hijos en sus teléfonos".

El estudio advierte que las adicciones "pueden tener serias consecuencias en la salud mental, por lo que es necesario investigar más sobre el uso problemático de smartphones".

Este estudio vuelve a poner sobre la mesa el difícil papel que tenemos los padres y educadores frente al móvil, la tablet, el reloj inteligente... ya no se trata solo de un juego o de una distracción sino que nuestros hijos y jóvenes corren un serio peligro en esta sociedad de "pantallas para todo", incluso para hablar y relacionarnos con los demás.

Las recomendaciones son muchas y variadas, desde que nuestros jóvenes no tengan móvil hasta cierta edad en que muestren ser responsables, o que tengan un móvil pero con acceso a internet restringido por una tarifa mínima a la que iremos añadiendo "extras" paulatinamente si muestran ser responsables con su uso.

¿Qué recomendación darías a padres y educadores sobre este tema?

agosto 21, 2021

INICIATIVAS PARA LA EDUCACIÓN EN EL BUEN USO DE LA TECNOLOGÍA


Os presento unas iniciativas muy útiles a la hora de educar (y de paso ser educados) en hacer un buen uso de las nuevas tecnologías.

Dale una vuelta es una web para ayudar a personas enganchadas al consumo de pornografía. Y lo hacen poniendo el foco en tres puntos: la información, la recuperación y la prevención, defendiendo a la mujer, su dignidad y derechos, proponiendo una sexualidad sana, asertiva e informada. 

Seamos héroes tiene como objetivo formar a los jóvenes en valores a través de las redes sociales, programas educacionales y programas de voluntariado.

Trabajar la confianza te ayudará a cultivar esta virtud, con vídeos, guías, textos y propuestas.

En la web empantallados puedes encontrar: artículos y estudios sobre el impacto de las pantallas en la vida familiar o especiales mensuales como "mi primer móvil". También puedes conocer tu consumo digital, cosillas para hacer con tus hijos en el tiempo libre, apps educativas y libros para ayudar a tus hijos en el buen uso de la tecnología.

agosto 09, 2021

¿QUÉ DIRÍA EDITH STEIN A LAS MUJERES DE HOY EN DÍA?


Transcribimos esta entrevista a Feliciana Merino, experta en el pensamiento de Edith Stein, publicada en arguments.es en el día en que recordamos a Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Edith Stein, una mujer de gran inteligencia, muy profunda y buscadora de la verdad. Todo esto le hizo sufrir mucho porque las mujeres en su época tenían menos derechos que los hombres. ¿Nos podría explicar cuáles eran los sentimientos que la filósofa alemana albergaba en su corazón al respecto?

Lo primero que hay que decir es que Edith Stein fue educada en un ambiente judío liberal. Su madre quedó viuda cuando ella era aún muy pequeña y desde entonces pudo constatar la fuerza de las mujeres en el ejemplo vivo de su madre que no se amedrentó ante las circunstancias y siguió trabajando con empeño para sacar adelante el negocio familiar, a pesar de los consejos de sus parientes. Edith Stein se parecía mucho a ella, era obstinada cuando se proponía algo y siempre tuvo apoyo en su familia para estudiar e ir a la universidad.

Desde esa mentalidad pudo participar con solo 22 años en la Asociación prusiana a favor del voto femenino y en los debates universitarios sobre la doble vocación de la mujer. La igualdad entre hombres y mujeres era ya por aquel entonces un valor creciente, pero también era problemática la cuestión de si la mujer pertenecía prioritariamente al cuidado del hogar y de la prole así como las profesiones que se consideraban más adecuadas para mujeres.

En todo caso, Edith Stein nunca vivió las limitaciones como una injusticia, sino como una oportunidad de crecimiento y de cambio. Ella era fuerte y esa fortaleza fue la que le empujó a escribir al Ministro de Berlín cuando rechazaron su habilitación docente por ser un espacio vedado a las mujeres (nunca hasta entonces habían llegado tan lejos). Su argumento de que ser hombre o mujer no debía ser un impedimento para desarrollar una carrera científica, fue motivo para que se aprobara después un decreto más moderno al respecto. Pero Edith ya había tomado la decisión de volver a Breslau y empezar a dar clases de introducción a la filosofía.

La filósofa judía pensaba que estamos en la tierra para servir a la humanidad y que, para hacerlo de la mejor manera posible, debemos hacer aquello para lo que estamos inclinados. En esta idea podríamos contemplar la idea todavía prematura de la una vocación profesional también para la mujer… algo que se contemplaba borroso en su momento.

Por supuesto. Toda la filosofía de Edith Stein se puede decir que gira en torno al concepto de vocación. Su filosofía puede entenderse como una filosofía de la vocación. En alemán el término Beruf significa ambas cosas, tanto profesión como vocación, con lo que se unen en una misma palabra el sentido y dignidad del trabajo con la inclinación, aquello para lo que uno se siente llamado, que es la vocación. Por eso dice que quien considere su trabajo como simple fuente de ganancia o como pasatiempo lo desarrollará de una forma completamente distinta de aquel para quien sea vocación profesional en sentido propio, es decir, de aquel otro que se sienta llamado para ello.

En un mundo cada vez más marcado por los criterios de competitividad y de mercado, creo que es muy necesario recuperar este sentido de la vocación profesional, no como una cualidad deseable para el ejercicio de la profesión, sino como principio configurador de la propia vida. El trabajo no es algo separado del hombre o de la mujer, sino que “lo que hace un hombre es la realización de lo que puede hacer; y lo que puede es expresión de lo que es”.

Por eso, no es baladí la afirmación de Edith Stein de que “no existe profesión alguna que no pueda ser desempeñada por una mujer”, o la tan provocadora frase “Ninguna mujer es solo mujer”, porque hay en todo lo que hacemos un principio configurador, un ethos. Lo que hagamos lo haremos con pasión, y de una forma que será específicamente femenina. Si la vida y lo que hacemos manifiesta la respuesta a una llamada, el trabajo, cualquier trabajo, es la respuesta a la vocación de entrega del ser humano, es expresión de su capacidad de dar, o mejor dicho, de amar. El trabajo bien hecho es siempre signo de un amor más grande.

A una Edith jovencita le impactó el ver a una mujer caminando que a la vuelta del mercado entró en la catedral de Frankfurt. Podría haber quedado impresionada de que una humilde mujer en medio de los quehaceres cotidianos sintiera la necesidad de rezar. Ella en la sinagoga frecuentaba la celebración de un oficio y aquel “intercambio confidencial” de la mujer que entraba a la catedral para saludar a su Dios la impactó sobremanera. La religión como un encuentro personal con Alguien que te ama.

Realmente no estamos acostumbrados, en la vorágine de vida que tenemos, a hacer un parón en medio de la jornada para rezar, o cuando vamos corriendo de un lado a otro entrar en una iglesia para sencillamente escuchar el silencio o dialogar con Otro. Por ello es algo que no entra en nuestros esquemas, no entraba en los de Edith, ni en los nuestros, ni en los de nadie. Precisamente por ser algo tan sencillo se convirtió en extraordinario. De hecho, es una de las experiencias que ella misma cuenta que le impactaron y le acercaron a la fe cristiana.

La otra, es la mirada ante la muerte al ir a visitar a la viuda de su gran amigo Adolf Reinach, muerto en el frente en 1917. Se había imaginado a una mujer rota de dolor y desesperanzada y lo que se encontró fue a alguien rebosante de paz y de una esperanza cierta. Esta experiencia alimentó su deseo de creer, pues percibía en ella el Misterio venciendo al aguijón de la muerte, que no tiene la última palabra.

La lectura del libro de santa Teresa de Jesús le marca profundamente. Hace una lectura sapiencial del libro; es decir, que lo leyó como una revelación personal… y se convierte a la religión católica. ¿Qué sentimientos pudo percibir al leer los escritos de la santa de Ávila?

Es verdad que Edith Stein había tenido muchos amigos que se habían convertido al protestantismo y que de hecho frecuentaba más ambientes protestantes que católicos, pero que las cosas ocurrieran como lo hicieron es también parte del Misterio en el que ella reconoce a Cristo. Un matrimonio amigo, los Conrad-Martius, protestantes ambos -Edith era muy amiga de Hedwig, recientemente convertida al protestantismo-, la invitaron un fin de semana a su casa en Bergzabern, y una plácida tarde de verano de 1921, en ausencia de estos, cogió de la estantería de su biblioteca el Libro de la vida de santa Teresa de Jesús.

Lo leyó de un tirón y descubrió que ahí estaba la verdad, una verdad que no es científica, la Verdad del Amor, de la entrega, de la unión con Dios. Había leído ya partes del Nuevo Testamento, también las Confesiones de san Agustín, los ejercicios de san Ignacio de Loyola, pero esto fue la culminación de un proceso de búsqueda. Como dice un amigo mío: «no se trata de coincidencias, sino de dioscidencias«.

Lo que está claro es que en santa Teresa encuentra el modelo de vida a seguir, que elige como madrina de bautismo a Hedwig, su amiga y dueña de la casa donde encontró y descubrió la verdad, y que escoge como nombre de bautismo a la fe católica el de Edith Teresa Hedwig, en honor a santa Teresa y a su amiga. Después, cuando hace la profesión en el Carmelo, su nombre será Teresa Benedicta de la Cruz, en honor a santa Teresa y a san Juan de la Cruz, en cuya lectura se embarca sus últimos años. En fin, ¿qué más se puede decir? Se trata de un encuentro concreto, muy concreto, que marca su vida y su vocación.

Cuenta la filósofa que su madre vivió su conversión como “la pena más pesada que tuvo que soportar”. Hacer sufrir a una madre de ese modo debe ser muy doloroso. 

Sí, por lo que sabemos parece que a Edith le costó mucho contárselo a su madre. Tanto que tuvo que pedirle ayuda a su hermana Erna. Hay un testimonio de su hermana donde lo explica. En septiembre de 1921 había nacido su primer hijo y Edith se encontraba en casa ayudando a su hermana. Allí le expuso su decisión de convertirse al catolicismo y le pidió que preparara el ánimo de su madre. Era una tarea bien difícil.

Para su madre, aunque siempre se había mostrado comprensiva para todo y les había dado mucha libertad, una decisión así representaba un golpe durísimo. Era, en efecto, una judía verdaderamente creyente y consideraba como una apostasía el hecho de que Edith abrazara otra religión. También sus hermanos intentaron disuadirla en atención a la madre, pero al final confiaron en su convicción interior, y también su madre tuvo que aceptarlo. 

Por lo demás, en la vida de Edith Stein no hay fisuras, no se puede hablar de una separación entre lo intelectual y lo espiritual. Su conversión es el fruto de un camino de búsqueda de la verdad. Todos los pasos dados son pasos en la misma dirección. Todo está en su sitio. Edith lo entendió al final. Su vida es un modelo porque no hay discontinuidades. El Señor le sale al encuentro y ella da su Sí. 

Edith Stein es de otra época, pero… ¿qué le puede aportar a la mujer europea de hoy día?

Los escritos de Edith Stein hablan a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su vida también habla. No en vano ha sido declarada santa y copatrona de Europa. Una de las cosas que a mí me parece que nos diría a las mujeres europeas, con la que está cayendo, es: ¡No tengáis miedo! A sermujeres, a no sucumbir a los discursos ideológicos que proponen la anulación de las diferencias.

Edith Stein no quiso abanderar ninguna tipología de las diferencias entre hombres y mujeres, porque acaban siendo obsoletas ante la innegable adaptación del sujeto a las circunstancias concretas. No se trata de defender posiciones conservadoras respecto al papel que la mujer ocupa en el hogar, ni tampoco se trata de defender la igualdad a ultranza a costa de la anulación de las diferencias. Para ella, se trata de responder de manera personal y compartida a la misión que se nos ha encomendado. Hombres y mujeres somos iguales, diferentes y complementarios.

Los discursos ideológicos, tanto aperturistas como conservaduristas, ahogan esta verdad innegable, que se descubre no en una lucha de sexos, sino en darnos cuenta de que el otro es un esser kenegdo, expresión hebrea que utiliza Edith Stein, una imagen especular donde el otro puede contemplar su propia naturaleza, siempre incompleta. Solo cuando hay amor, ayuda mutua y entrega, nos damos cuenta de que en ese camino, aunque frágil, finito y lleno de límites, siempre hay otro Amor más grande nos acompaña en esta tarea.

julio 05, 2021

HABLANDO SE ENTIENDEN LOS PADRES CON LOS HIJOS


La OCDE ha publicado un estudio internacional sobre el bienestar y cómo se sienten los jóvenes acerca de sus vidas  mostrando el impacto positivo que pueden tener cambios tan sencillos como que los padres se tomen tiempo para hablar con sus hijos y comer juntos.

Un número considerable de jóvenes se siente aislado, humillado, como un extraño en la escuela o es agredido físicamente. Esto es importante, porque las escuelas no son solo lugares donde se aprenden materias académicas. Es uno de los primeros lugares donde los niños experimentan la sociedad y el comportamiento de otras personas. Debería ser donde los jóvenes aprendan sobre resiliencia y cooperación.

El estudio muestra que no hay un vínculo entre las largas horas de estudio y la satisfacción de los alumnos. Pero lo que sí parece hacer una diferencia en su bienestar son las relaciones entre estudiantes, maestros y padres.

Una relación negativa con los maestros es una amenaza para el sentido de pertenencia de los alumnos en la escuela. En promedio, en todos los países, los alumnos cuyo maestro está dispuesto a brindar ayuda y que están interesados ​​en su aprendizaje también tienen una probabilidad 1.3 veces mayor de sentir que pertenecen a la escuela.

Los alumnos que sugirieron un tratamiento injusto por parte de los maestros fueron 1.7 veces más propensos a sentirse aislados. Los adolescentes buscan lazos sociales fuertes y valoran la aceptación, el cuidado y el apoyo de los demás. Los adolescentes que sienten que son parte de una comunidad escolar tienen más probabilidades de tener un mejor rendimiento académico y estar más motivados en la escuela.

También hay grandes diferencias entre los países en cuanto al sentido de pertenencia. Alrededor de tres cuartas partes de los alumnos sienten que pertenecen a la escuela, y en algunos de los sistemas educativos considerados como "mejores", incluidos Taiwán, Japón, los Países Bajos, Vietnam, Finlandia, Corea del Sur, Estonia y Singapur, la proporción es aún mayor. Pero en Francia solo es del 41% y puede haber grandes diferencias en algunos países en este sentido de pertenencia para los niños de familias inmigrantes.

La ansiedad debida a los exámenes también puede vincularse a las relaciones con los maestros. Si se considera que los maestros brindan apoyo, es probable que haya menos estrés. Cuando los estudiantes sienten que los maestros no califican sus posibilidades de éxito de manera justa, existe aún más preocupación, ya que el 62% de los estudiantes tienen mucha tensión en los exámenes. Y en todos los países, las niñas presentan mayor ansiedad relacionada con el trabajo escolar que los niños. El temor de cometer errores en un examen hace que disminuya el rendimiento de las chicas.

Otro factor importante en la vida de los jóvenes es el tiempo que pasan en internet. El uso extremo de Internet, más de seis horas por día, tiene un impacto negativo en su bienestar.

Por último, los padres tienen mucha importancia. Los alumnos con altos niveles de satisfacción con la vida suelen tener padres que regularmente pasan tiempo hablando con ellos. Los padres que se sentaron alrededor de la mesa para comer su comida principal con sus hijos y hablaron sobre cómo les iba en la escuela también marcaron m una gran diferencia. "Pasar tiempo simplemente hablando" es la actividad de los padres más frecuentemente asociada con la satisfacción en la vida de los estudiantes.

Los estudiantes cuyos padres les hablaban regularmente iban por delante en ciencias y los resultados son similares para los padres que comen con sus hijos. Aunque esto muestra el poderoso efecto positivo del interés de los padres, para muchos padres, pasar un tiempo hablando con sus hijos es algo raro. A algunos padres les resulta difícil participar en la vida escolar de sus hijos, tal vez debido a horarios de trabajo inflexibles, falta de guardería o incluso barreras del idioma.

Pero las escuelas podrían hacer más para ayudar a los padres a superar estas barreras. Si los padres no pueden dejar el trabajo para asistir a las reuniones escolares, quizá los padres puedan hablar por teléfono o videoconferencia. También podría haber apoyo del gobierno, como incentivos para que mejore el equilibrio entre la vida laboral y familiar.

Los desafíos para el bienestar de los estudiantes son muchos y no hay soluciones simples. Pero los resultados de este estudio muestran cómo los maestros, las escuelas y los padres pueden suponer una gran diferencia.