domingo, 9 de agosto de 2020

¿QUÉ DIRÍA EDITH STEIN A LAS MUJERES DE HOY EN DÍA?


Transcribimos esta entrevista a Feliciana Merino, experta en el pensamiento de Edith Stein, publicada en arguments.es en el día en que recordamos a Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

Edith Stein, una mujer de gran inteligencia, muy profunda y buscadora de la verdad. Todo esto le hizo sufrir mucho porque las mujeres en su época tenían menos derechos que los hombres. ¿Nos podría explicar cuáles eran los sentimientos que la filósofa alemana albergaba en su corazón al respecto?

Lo primero que hay que decir es que Edith Stein fue educada en un ambiente judío liberal. Su madre quedó viuda cuando ella era aún muy pequeña y desde entonces pudo constatar la fuerza de las mujeres en el ejemplo vivo de su madre que no se amedrentó ante las circunstancias y siguió trabajando con empeño para sacar adelante el negocio familiar, a pesar de los consejos de sus parientes. Edith Stein se parecía mucho a ella, era obstinada cuando se proponía algo y siempre tuvo apoyo en su familia para estudiar e ir a la universidad.

Desde esa mentalidad pudo participar con solo 22 años en la Asociación prusiana a favor del voto femenino y en los debates universitarios sobre la doble vocación de la mujer. La igualdad entre hombres y mujeres era ya por aquel entonces un valor creciente, pero también era problemática la cuestión de si la mujer pertenecía prioritariamente al cuidado del hogar y de la prole así como las profesiones que se consideraban más adecuadas para mujeres.

En todo caso, Edith Stein nunca vivió las limitaciones como una injusticia, sino como una oportunidad de crecimiento y de cambio. Ella era fuerte y esa fortaleza fue la que le empujó a escribir al Ministro de Berlín cuando rechazaron su habilitación docente por ser un espacio vedado a las mujeres (nunca hasta entonces habían llegado tan lejos). Su argumento de que ser hombre o mujer no debía ser un impedimento para desarrollar una carrera científica, fue motivo para que se aprobara después un decreto más moderno al respecto. Pero Edith ya había tomado la decisión de volver a Breslau y empezar a dar clases de introducción a la filosofía.

La filósofa judía pensaba que estamos en la tierra para servir a la humanidad y que, para hacerlo de la mejor manera posible, debemos hacer aquello para lo que estamos inclinados. En esta idea podríamos contemplar la idea todavía prematura de la una vocación profesional también para la mujer… algo que se contemplaba borroso en su momento.

Por supuesto. Toda la filosofía de Edith Stein se puede decir que gira en torno al concepto de vocación. Su filosofía puede entenderse como una filosofía de la vocación. En alemán el término Beruf significa ambas cosas, tanto profesión como vocación, con lo que se unen en una misma palabra el sentido y dignidad del trabajo con la inclinación, aquello para lo que uno se siente llamado, que es la vocación. Por eso dice que quien considere su trabajo como simple fuente de ganancia o como pasatiempo lo desarrollará de una forma completamente distinta de aquel para quien sea vocación profesional en sentido propio, es decir, de aquel otro que se sienta llamado para ello.

En un mundo cada vez más marcado por los criterios de competitividad y de mercado, creo que es muy necesario recuperar este sentido de la vocación profesional, no como una cualidad deseable para el ejercicio de la profesión, sino como principio configurador de la propia vida. El trabajo no es algo separado del hombre o de la mujer, sino que “lo que hace un hombre es la realización de lo que puede hacer; y lo que puede es expresión de lo que es”.

Por eso, no es baladí la afirmación de Edith Stein de que “no existe profesión alguna que no pueda ser desempeñada por una mujer”, o la tan provocadora frase “Ninguna mujer es solo mujer”, porque hay en todo lo que hacemos un principio configurador, un ethos. Lo que hagamos lo haremos con pasión, y de una forma que será específicamente femenina. Si la vida y lo que hacemos manifiesta la respuesta a una llamada, el trabajo, cualquier trabajo, es la respuesta a la vocación de entrega del ser humano, es expresión de su capacidad de dar, o mejor dicho, de amar. El trabajo bien hecho es siempre signo de un amor más grande.

A una Edith jovencita le impactó el ver a una mujer caminando que a la vuelta del mercado entró en la catedral de Frankfurt. Podría haber quedado impresionada de que una humilde mujer en medio de los quehaceres cotidianos sintiera la necesidad de rezar. Ella en la sinagoga frecuentaba la celebración de un oficio y aquel “intercambio confidencial” de la mujer que entraba a la catedral para saludar a su Dios la impactó sobremanera. La religión como un encuentro personal con Alguien que te ama.

Realmente no estamos acostumbrados, en la vorágine de vida que tenemos, a hacer un parón en medio de la jornada para rezar, o cuando vamos corriendo de un lado a otro entrar en una iglesia para sencillamente escuchar el silencio o dialogar con Otro. Por ello es algo que no entra en nuestros esquemas, no entraba en los de Edith, ni en los nuestros, ni en los de nadie. Precisamente por ser algo tan sencillo se convirtió en extraordinario. De hecho, es una de las experiencias que ella misma cuenta que le impactaron y le acercaron a la fe cristiana.

La otra, es la mirada ante la muerte al ir a visitar a la viuda de su gran amigo Adolf Reinach, muerto en el frente en 1917. Se había imaginado a una mujer rota de dolor y desesperanzada y lo que se encontró fue a alguien rebosante de paz y de una esperanza cierta. Esta experiencia alimentó su deseo de creer, pues percibía en ella el Misterio venciendo al aguijón de la muerte, que no tiene la última palabra.

La lectura del libro de santa Teresa de Jesús le marca profundamente. Hace una lectura sapiencial del libro; es decir, que lo leyó como una revelación personal… y se convierte a la religión católica. ¿Qué sentimientos pudo percibir al leer los escritos de la santa de Ávila?

Es verdad que Edith Stein había tenido muchos amigos que se habían convertido al protestantismo y que de hecho frecuentaba más ambientes protestantes que católicos, pero que las cosas ocurrieran como lo hicieron es también parte del Misterio en el que ella reconoce a Cristo. Un matrimonio amigo, los Conrad-Martius, protestantes ambos -Edith era muy amiga de Hedwig, recientemente convertida al protestantismo-, la invitaron un fin de semana a su casa en Bergzabern, y una plácida tarde de verano de 1921, en ausencia de estos, cogió de la estantería de su biblioteca el Libro de la vida de santa Teresa de Jesús.

Lo leyó de un tirón y descubrió que ahí estaba la verdad, una verdad que no es científica, la Verdad del Amor, de la entrega, de la unión con Dios. Había leído ya partes del Nuevo Testamento, también las Confesiones de san Agustín, los ejercicios de san Ignacio de Loyola, pero esto fue la culminación de un proceso de búsqueda. Como dice un amigo mío: «no se trata de coincidencias, sino de dioscidencias«.

Lo que está claro es que en santa Teresa encuentra el modelo de vida a seguir, que elige como madrina de bautismo a Hedwig, su amiga y dueña de la casa donde encontró y descubrió la verdad, y que escoge como nombre de bautismo a la fe católica el de Edith Teresa Hedwig, en honor a santa Teresa y a su amiga. Después, cuando hace la profesión en el Carmelo, su nombre será Teresa Benedicta de la Cruz, en honor a santa Teresa y a san Juan de la Cruz, en cuya lectura se embarca sus últimos años. En fin, ¿qué más se puede decir? Se trata de un encuentro concreto, muy concreto, que marca su vida y su vocación.

Cuenta la filósofa que su madre vivió su conversión como “la pena más pesada que tuvo que soportar”. Hacer sufrir a una madre de ese modo debe ser muy doloroso. 

Sí, por lo que sabemos parece que a Edith le costó mucho contárselo a su madre. Tanto que tuvo que pedirle ayuda a su hermana Erna. Hay un testimonio de su hermana donde lo explica. En septiembre de 1921 había nacido su primer hijo y Edith se encontraba en casa ayudando a su hermana. Allí le expuso su decisión de convertirse al catolicismo y le pidió que preparara el ánimo de su madre. Era una tarea bien difícil.

Para su madre, aunque siempre se había mostrado comprensiva para todo y les había dado mucha libertad, una decisión así representaba un golpe durísimo. Era, en efecto, una judía verdaderamente creyente y consideraba como una apostasía el hecho de que Edith abrazara otra religión. También sus hermanos intentaron disuadirla en atención a la madre, pero al final confiaron en su convicción interior, y también su madre tuvo que aceptarlo. 

Por lo demás, en la vida de Edith Stein no hay fisuras, no se puede hablar de una separación entre lo intelectual y lo espiritual. Su conversión es el fruto de un camino de búsqueda de la verdad. Todos los pasos dados son pasos en la misma dirección. Todo está en su sitio. Edith lo entendió al final. Su vida es un modelo porque no hay discontinuidades. El Señor le sale al encuentro y ella da su Sí. 

Edith Stein es de otra época, pero… ¿qué le puede aportar a la mujer europea de hoy día?

Los escritos de Edith Stein hablan a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Su vida también habla. No en vano ha sido declarada santa y copatrona de Europa. Una de las cosas que a mí me parece que nos diría a las mujeres europeas, con la que está cayendo, es: ¡No tengáis miedo! A sermujeres, a no sucumbir a los discursos ideológicos que proponen la anulación de las diferencias.

Edith Stein no quiso abanderar ninguna tipología de las diferencias entre hombres y mujeres, porque acaban siendo obsoletas ante la innegable adaptación del sujeto a las circunstancias concretas. No se trata de defender posiciones conservadoras respecto al papel que la mujer ocupa en el hogar, ni tampoco se trata de defender la igualdad a ultranza a costa de la anulación de las diferencias. Para ella, se trata de responder de manera personal y compartida a la misión que se nos ha encomendado. Hombres y mujeres somos iguales, diferentes y complementarios.

Los discursos ideológicos, tanto aperturistas como conservaduristas, ahogan esta verdad innegable, que se descubre no en una lucha de sexos, sino en darnos cuenta de que el otro es un esser kenegdo, expresión hebrea que utiliza Edith Stein, una imagen especular donde el otro puede contemplar su propia naturaleza, siempre incompleta. Solo cuando hay amor, ayuda mutua y entrega, nos damos cuenta de que en ese camino, aunque frágil, finito y lleno de límites, siempre hay otro Amor más grande nos acompaña en esta tarea.

sábado, 4 de julio de 2020

HABLANDO SE ENTIENDEN LOS PADRES CON LOS HIJOS


La OCDE ha publicado un estudio internacional sobre el bienestar y cómo se sienten los jóvenes acerca de sus vidas  mostrando el impacto positivo que pueden tener cambios tan sencillos como que los padres se tomen tiempo para hablar con sus hijos y comer juntos.

Un número considerable de jóvenes se siente aislado, humillado, como un extraño en la escuela o es agredido físicamente. Esto es importante, porque las escuelas no son solo lugares donde se aprenden materias académicas. Es uno de los primeros lugares donde los niños experimentan la sociedad y el comportamiento de otras personas. Debería ser donde los jóvenes aprendan sobre resiliencia y cooperación.

El estudio muestra que no hay un vínculo entre las largas horas de estudio y la satisfacción de los alumnos. Pero lo que sí parece hacer una diferencia en su bienestar son las relaciones entre estudiantes, maestros y padres.

Una relación negativa con los maestros es una amenaza para el sentido de pertenencia de los alumnos en la escuela. En promedio, en todos los países, los alumnos cuyo maestro está dispuesto a brindar ayuda y que están interesados ​​en su aprendizaje también tienen una probabilidad 1.3 veces mayor de sentir que pertenecen a la escuela.

Los alumnos que sugirieron un tratamiento injusto por parte de los maestros fueron 1.7 veces más propensos a sentirse aislados. Los adolescentes buscan lazos sociales fuertes y valoran la aceptación, el cuidado y el apoyo de los demás. Los adolescentes que sienten que son parte de una comunidad escolar tienen más probabilidades de tener un mejor rendimiento académico y estar más motivados en la escuela.

También hay grandes diferencias entre los países en cuanto al sentido de pertenencia. Alrededor de tres cuartas partes de los alumnos sienten que pertenecen a la escuela, y en algunos de los sistemas educativos considerados como "mejores", incluidos Taiwán, Japón, los Países Bajos, Vietnam, Finlandia, Corea del Sur, Estonia y Singapur, la proporción es aún mayor. Pero en Francia solo es del 41% y puede haber grandes diferencias en algunos países en este sentido de pertenencia para los niños de familias inmigrantes.

La ansiedad debida a los exámenes también puede vincularse a las relaciones con los maestros. Si se considera que los maestros brindan apoyo, es probable que haya menos estrés. Cuando los estudiantes sienten que los maestros no califican sus posibilidades de éxito de manera justa, existe aún más preocupación, ya que el 62% de los estudiantes tienen mucha tensión en los exámenes. Y en todos los países, las niñas presentan mayor ansiedad relacionada con el trabajo escolar que los niños. El temor de cometer errores en un examen hace que disminuya el rendimiento de las chicas.

Otro factor importante en la vida de los jóvenes es el tiempo que pasan en internet. El uso extremo de Internet, más de seis horas por día, tiene un impacto negativo en su bienestar.

Por último, los padres tienen mucha importancia. Los alumnos con altos niveles de satisfacción con la vida suelen tener padres que regularmente pasan tiempo hablando con ellos. Los padres que se sentaron alrededor de la mesa para comer su comida principal con sus hijos y hablaron sobre cómo les iba en la escuela también marcaron m una gran diferencia. "Pasar tiempo simplemente hablando" es la actividad de los padres más frecuentemente asociada con la satisfacción en la vida de los estudiantes.

Los estudiantes cuyos padres les hablaban regularmente iban por delante en ciencias y los resultados son similares para los padres que comen con sus hijos. Aunque esto muestra el poderoso efecto positivo del interés de los padres, para muchos padres, pasar un tiempo hablando con sus hijos es algo raro. A algunos padres les resulta difícil participar en la vida escolar de sus hijos, tal vez debido a horarios de trabajo inflexibles, falta de guardería o incluso barreras del idioma.

Pero las escuelas podrían hacer más para ayudar a los padres a superar estas barreras. Si los padres no pueden dejar el trabajo para asistir a las reuniones escolares, quizá los padres puedan hablar por teléfono o videoconferencia. También podría haber apoyo del gobierno, como incentivos para que mejore el equilibrio entre la vida laboral y familiar.

Los desafíos para el bienestar de los estudiantes son muchos y no hay soluciones simples. Pero los resultados de este estudio muestran cómo los maestros, las escuelas y los padres pueden suponer una gran diferencia.

miércoles, 10 de junio de 2020

"TALENTO DESPILFARRADO"


Esto es lo que ha dicho el líder del partido laborista británico Jeremy Corbyn: el talento de los niños está despilfarrado por un sistema educativo deficiente, con fondos insuficientes y una sociedad desigual. Igualmente dijo que "algunas de las personas más sabias que conoces son en realidad aquellas que conducen autobuses, barren nuestras calles o trabajan en fábricas o tiendas", y agregan: "Hay tanto despilfarro y desperdicio de talento en nuestra sociedad debido a niveles obscenos de pobreza y la desigualdad en Gran Bretaña".

¿Se podría extrapolar esta realidad a nuestro país?

domingo, 7 de junio de 2020

ENSEÑAR A CAMBIAR DE ZAPATOS


Dice un refrán popular "dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Pues bien, en nuestra sociedad del “flower power” y el “buen rollo” existe una alarmante dificultad para sentir compasión y experimentar empatía. Podemos pensar en la popularidad de youtubers que se dedican a burlarse de contenidos ajenos; en el éxito de los jurados de programas como “La voz” o “Got Talent” cuando sus opiniones son sarcásticas o humillantes; o en el tono que se vive en las gradas de los campos de fútbol -profesionales o amateurs-, donde la alegría de la competición amistosa es sustituida a menudo por un clima de confrontación y mal perder verdaderamente irracional.

Nos encanta hablar de solidaridad y empatía, pero tanta palabrería difícilmente oculta la tendencia egocéntrica de nuestra sociedad individualista. Asistimos, pues, a un ocaso de la empatía. Nos cuesta ponernos en la piel del otro; probarnos sus zapatos. Este ocaso de la empatía obedece, al menos, a cuatro causas.

1. La epidemia del narcisismo. Las personas egoístas, obsesionadas con su currículum y su autoimagen, están demasiado centradas en sí mismas como para comprender lo que puede estar sintiendo otra persona. Quien se cree una persona realmente especial y única, lógicamente no tendrá muchos incentivos para intentar comprender cómo se siente “el resto de los mortales”, que no comparte su carácter genial e irrepetible.

2. La omnipresencia de las pantallas. La empatía se desarrolla mirando a los demás, aprendiendo a interpretar un leve gesto, una medio sonrisa, una mirada. Se ha demostrado cómo el hecho de articular nuestras relaciones y conversaciones a través de pantallas reduce considerablemente la capacidad de entender qué le está pasando a la otra persona. Las pantallas, por muchos emoticonos que pongamos, nos hacen menos empáticos.

3. Los modelos que nos presentan los medios de comunicación y la cultura. En los medios de comunicación –programas, series y películas- predominan los modelos triunfadores, competitivos y polémicos. En este sentido, es divertido comparar el héroe de una película de John Ford con el héroe de una película actual: su aspecto, sus reacciones, sus pectorales, sus valores. O comparar las canciones de amor de hace 40 ó 50 años con los temas –¿amorosos?- de Bad Bunny o de Maluma. No somos inmunes a estos modelos, que permean poco a poco nuestra personalidad y nos hacen personas más pragmáticas, hedonistas y egoístas.

4. Clima de competitividad y cultura del éxito. La cultura del éxito y la competición pone un acento especial en el resultado. Hay que triunfar, ya se sabe. Dios no te creó para estar en la media, para ser uno más. Así, no importa tanto el esfuerzo ni el camino recorrido con otros, sino llegar el primero a la meta, el resultado final. Conforme a esta lógica, el triunfador es el niño que saca buenas notas –aunque sea un idiota- o el adulto que tiene una carrera profesional exitosa y lleva trajes de Armani, aunque su vida familiar sea un desastre o no tenga relaciones de amistad significativas y profundas. 

Todos estos factores hacen que, más allá de apelaciones ocasionales a la empatía, hechas muchas veces con un enfoque egoísta, “porque ser empático es rentable social y profesionalmente”, vivamos en una sociedad fría e individualista.

Pues bien, para rescatar la empatía como un verdadero valor social hacen falta personas disidentes, que conformen una verdadera resistencia: la resistencia de la empatía, del cariño y de la ternura. Lo que no equivale a ser infantiloides, ñoños ni blandos. Se puede ser cariñoso y a la vez exigente; humilde y fuerte; tierno y responsable. No nos dejemos engañar por caricaturas distorsionadas y acarameladas del corazón.

La reivindicación de la empatía requiere principalmente reeducar el corazón, para aprender a ponernos más a menudo en los zapatos de los demás. Cada uno podrá contribuir a esta nueva educación afectiva de distintas formas.

– Los medios de comunicación y las personas influyentes, podrán presentar modelos compasivos y humildes, que estén abiertos a los demás y valoren el trabajo en equipo. Retirar un poco el foco de personas, personajes y personajillos ególatras y pagados de sí mismos, y dar más cuota de pantalla a otros líderes más generosos y empáticos.

– Los educadores y las familias, deberían recordar que la clave de la felicidad no es un punto más en la nota media, ni un coche diez mil euros más caro, sino más bien la capacidad de establecer relaciones significativas con otras personas. No insistas tanto a tu hijo en lo trascendental que es sacar buenas notas; repítele que más importante es tener un buen corazón.

– Cada uno de nosotros podría intentar mirar un poco más a los lados y ponernos más a menudo en la piel de los demás.

Educar el corazón. Cambiar más de zapatos. Reconquistar la empatía. Eso sí que son objetivos ilusionantes, y no conseguir más likes, adelgazar dos kilos o ahorrar lo suficiente para poder comprarnos un bolso de marca. No te conviertas en un burgués triste y narcisista. Sacúdete la comodidad y el egoísmo, tan pegajosos como aburridos. Apúntate a la resistencia. Engorda tu capacidad de amar. Decídete a cambiar más de zapatos.

(Artículo aparecido en Aleteia)

viernes, 29 de mayo de 2020

EN EL 25 ANIVERSARIO DE "UT UNUM SINT"



El Papa Francisco ha dirigido una carta al Cardenal Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los Cristianos, con motivo del 25 aniversario de la Encíclica Ut Unum Sint.

En un pontificado tan largo y fructífero como el de Juan Pablo II y teniendo en cuenta su carácter conciliador y consciente de la primacía de la persona sobre sus accidentes, Wojtyla quiso dejar también esta herencia ecuménica que suponía el compromiso de toda la Iglesia hacia otras confesiones.

Reconocer la diversidad siempre es positivo; nos ayuda a crecer, a no atrincherarnos en nuestra propia visión de las cosas, a tomar conciencia de otras perspectivas, otras formas de entender la vida y la trascendencia, a considerar que se llega a la verdad por el camino del amor y este es universal. 

Al igual que nuestras vidas y vocaciones, el ecumenismo supone un itinerario en el que nunca se llega a la meta. Caminamos, en ocasiones vamos ligeros, en otras nos fatigamos... Y a pesar de los esfuerzos, esta labor siempre estará inacabada; es algo que se va realizando día a día, pero con la convicción de que quien lleva el timón es el Espíritu Santo, algo que ya mencionaba el Concilio y que la Encíclica subrayó incluso con la fecha de publicación.